"El ultimátum de Bourne", datos significativos de una superproducción
|
|
|
. - El caso Bourne y El mito de Bourne han recaudado más de 500 millones de dólares en todo el mundo; se han vendido casi 20 millones de copias de las dos películas. - El departamento gubernamental de operaciones secretas se gastó unos 30 millones de dólares para crear a Jason Bourne. Ahora se ha convertido en un malfuncionamiento que debe ser eliminado. - Siempre se pensó que Robert Ludlum, el autor de la serie de novelas superventas en las que se basan las películas, tenía un contacto en la CIA que le pasaba información para mantener el alto nivel de credibilidad de las historias. - Ninguna película Bourne sería digna de serlo sin una espectacular persecución alrededor del planeta en la que los espectadores siguen a Bourne desde Londres a Nueva York, pasando por París, Madrid, Tánger y Moscú. En otras palabras, siete países en tres continentes. - Los malos de las películas Bourne han sido encarnados por Clive Owen como el Profesor en El caso Bourne, Karl Urban como Kirill en El mito de Bourne, y Brian Cox como Abbott en ambas. - Para seguir a Bourne mientras es perseguido en Tánger, se inventó un mecanismo montado en un cable que permitía a la cámara deslizarse por los tejados. Algunos especialistas, cámara en mano, saltaron desde los tejados para rodar varias tomas. - Para que Matt Damon y el equipo de especialistas pasaran de un tejado a otro y para organizar una explosión en la misma medina de Tánger, el equipo de producción tuvo que realizar más de 2.000 contratos entre comerciantes y particulares. - Más de 380.000 viajeros usan a diario la estación londinense de Waterloo. Fueron necesarios cinco meses de negociaciones para conseguir los permisos de rodaje. - El estilo intimista de Paul Greengrass permitió rodar en pleno Manhattan con los actores en medio de la gente camino del trabajo o de casa. A menudo los transeúntes no se daban cuenta de que se estaba rodando una película. - La épica persecución final de El ultimátum de Bourne empieza en el aparcamiento de la Autoridad Portuaria de Nueva York; los coches bajan por la Séptima Avenida a toda velocidad, cruzan la Gran Manzana, y acaban en una colisión catastrófica en el K-Rail (metro al aire libre) de South Street en la zona de Seaport. - El equipo de producción consiguió cerrar la Séptima Avenida de Manhattan para rodar la emblemática persecución. |