Estuvimos con… Patricia Ferreira, directora de “Los niños salvajes”

| 10/06/2012

“La clave para educar a un adolescente es no olvidar que lo fuimos antes”.

Nació en Madrid, estudió Periodismo e Imagen y Sonido en la Complutense y durante un tiempo trabajó en la revista Fotogramas. Debutó con el largometraje Sé quien eres, por el que consi­guió un Goya a la mejor directora novel. Estrena Los niños salvajes, la película ganadora del re­ciente Festival de Málaga.

¿Qué querías contar en Los niños salva­jes?

Patricia Ferreira/ Una historia que apor­tara datos para entender por qué un chi­co o una chica normal pueden llegar a ha­cer algo terrible. Quería llevar a la panta­lla la amistad entre tres chicos que son, ca­da uno para los otros, su refugio y su salva­vidas. Es una historia contemporánea y al tiempo eterna. Un homenaje a los chavales de 13, 14, 15, 16 años que luchan por cre­cer y hacerse adultos, sin perder su inocen­cia y su generosidad.

Para rodar esta película te has adentra­do en el espinoso tema de la adolescen­cia, ¿cuál crees que es la clave para edu­car a esas edades?

P. F./ No soy una experta en pedagogía ni mucho menos, sólo soy una directora de ci­ne que cuenta historias y quiere que lleguen a la gente. Por eso no sería propio que yo contestara a esa pregunta con ánimo de sen­tar cátedra pero, evidentemente, contar una historia de adolescentes como la que cuen­ta Los niños salvajes me ha llevado a re­flexionar más a fondo sobre esta cuestión. Podríamos hablar de dedicar medios a su educación, sin escatimar recursos, de la aten­ción individualizada y comprometida que requieren o de muchas otras cosas… Pe­ro lo que me parece más importante es la em­patía y la memoria. Es decir, a la hora de en­frentarnos a cómo tratar a un adolescente, cómo educarlo, creo que lo fundamental es recordar cómo éramos y qué necesitábamos cuando nosotros mismos lo fuimos. De al­guna forma es como si, pasada la adolescen­cia, al ser adultos, olvidáramos todo. Ya nun­ca recordamos que también nosotros fui­mos tan “salvajes” como Gabi, Oky y Álex, los protagonistas de la cinta.

¿Cuándo decidiste ser directora de ci­ne?

P. F./ La primera vez que lo pensé tendría unos 15 ó 16 años. No tenía ningún familiar que se dedicara a este oficio, ni había ido nunca a un rodaje, pero lo tuve claro muy pronto. Es curioso porque muchas perso­nas de mi generación hablan de que el ve­neno de hacer cine les surgió al ver pelícu­las sin parar en cines de sesión doble y ci­tan títulos geniales, obras maestras de aven­turas, policiacas, románticas. En mi ca­so fue distinto. Yo veía en los cines, en la pro­gramación de cine de la 2 de TVE, pelícu­las de lo que se llamaba “arte y ensayo”. La mayoría de las veces no las entendía, pe­ro salía del cine llena de ideas y sugerencias. Yo quise ser directora de cine para poder desentrañar esas imágenes que me fasci­naban y para poder crearlas.

Pero, ¿tendrás tus referentes cinematográficos, más o menos conocidos?

P. F./ Sí, por supuesto, pero son muy varia­dos y dependen un poco del proyecto en el que esté trabajando. En general, soy muy fan del cine americano, de lo que se llamó la Generación de la Televisión, de directores co­mo Sydney Lumet, Robert Mulligan o Arthur Penn, que iniciaron su carrera en los años 60 y hacían un cine potente, de argu­mentos fuertes y bien construidos, sin per­sonalismos y dirigidos a espectadores que buscaban pasar un rato entretenido con inteligencia. En este mismo sentido, me han influido algunos directores franceses como Tavernier y Techiné, que también se caracterizan por contar historias inten­sas, potentes, interesantes, sin desmayos ni concesiones y dirigidas al espectador, a su inteligencia. También me he senti­do a veces cerca de Ken Loach y su fuerza realista. Y en el cine español para mí hay un referente claro que es Mario Camus, el di­rector de películas como Los santos inocen­tes.

Las directoras de cine en España seguís siendo pocas, ¿por qué?

P. F./ El cine tiene muchos oficios y traba­jos diferentes y, como en todas las profesio­nes, hay un escalafón. No es un secreto pa­ra nadie que en casi ninguna profesión, los puestos altos no suelen estar ocupados por mujeres. En el cine pasa la mismo. Ser di­rector, como ser productor o director de fo­tografía, supone haber llegado en tu profe­sión a ocupar un puesto de responsabilidad y decisión y, hoy por hoy, está casi veda­do a las mujeres. En realidad la pregunta se­ría: ¿Por qué las mujeres siguen llegando a los puestos de máxima responsabilidad con cuentagotas?

¿Cómo ves el futuro del cine español?

P. F./ Pues en este momento la verdad es que no lo veo. No sé cuál va a ser ese futuro. El cine, para hacerse, necesita de una pro­tección muy decidida e importante por par­te de las instituciones públicas de un país. Así es en todos los países del mundo, in­cluido Estados Unidos, donde un amplio sis­tema de desgravaciones fiscales apuntala la industria. Y en España, en este momento, se han reducido de tal manera los apoyos institucionales al cine que su futuro es in­cierto. Saldrá adelante porque el deseo de con­tar historias, de crear imágenes y transmi­tirlas a los demás es tan fuerte, que siem­pre habrá cineastas dispuestos a rodar. Pe­ro también es verdad que un país que no se preocupa de que su identidad quede refle­jada en su cultura, en su cine, en sus pro­ductos audiovisuales, difícilmente podrá com­petir en un mundo donde otros sí lo hacen. Miremos a Francia, a Alemania, a Es­ta­dos Unidos. Todos protegen su cine, porque en­tienden que es una cuestión de Estado.

¿Cuál es tu próximo proyecto y en qué fase está?

P. F./ Casi seguro que haré una comedia. Y me apetece especialmente por el reto que su­pone cambiar radicalmente de género. Y tam­bién porque noto que, en estos momentos que vivimos, necesito reírme y, si yo lo ne­cesito, imagino que los espectadores tam­bién. Por eso quiero trabajar en este género en estos días, para proporcionar, si me sa­le bien, momentos de risa a los espectadores. Para reírnos juntos y así coger fuerzas para indignarnos y dar las inexcusables batallas que tendremos que luchar los próxi­mos tiempos.

¿Con qué actores te gustaría trabajar?

P. F./ Con tantos que sería una lista inmensa. Ca­da actor, cada actriz, son un mundo por des­cubrir para una directora. El trabajo con ca­da uno de ellos se convierte en una aventu­ra que puede parecerse al trabajo anterior, pero nunca es lo mismo. Hay que tener en cuenta que un equipo técnico, una cáma­ra, un software de montaje, siempre van a reaccionar igual ante operaciones iguales, pe­ro un actor no. Cada actor reaccionará dis­tinto aunque esté haciendo el mismo per­sonaje y eso convierte su trabajo con el di­rector en lo más estimulante de todo un pro­ceso de rodaje. Por eso querría trabajar con muchos y volver a trabajar con los que ya lo he hecho para continuar esa aventura. Ya tuve la oportunidad de dirigir al más ca­rismático y sabio de los actores, Fer­nan­do Fernán Gómez. Con él ya no podré volver a hacerlo, pero sí, por ejemplo, con Ma­ri­na Comas, Albert Baró y Álex Monner, los tres protagonistas de Los niños salvajes, y podré volver a disfrutar de su tremenda in­tuición, inteligencia y dedicación.

Ana Sánchez de la Nieta


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