"Fuerte Apache": todavía puede haber esperanza para algunos
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Nuestra película es la historia de un hombre cansado que sigue en la brecha; alguien que ya no pone demasiadas esperanzas en sí mismo o en el fruto de su trabajo y que, sin embargo, se resiste a tirar la toalla. Toni Darder (Juan Diego) trabaja en un centro tutelar de menores, una realidad que en los últimos tiempos parece salpicar nuestras páginas de la actualidad, pero que ha formado parte de su vida durante más de treinta años. Los centros tutelares de hoy en día son sin duda una mejora sobre los reformatorios de antaño. No sólo las instalaciones, sino también la legislación que los ampara, tienen ahora mucho más en cuenta los derechos del menor y sus necesidades. Y sin embargo, la realidad de estos centros se ha endurecido notablemente. Problemas como la droga, la violencia doméstica, el desarraigo social o los enfrentamientos raciales tienen fiel reflejo en el bagaje personal de sus internos. Por parte de tutores y maestros, las sustituciones y la interinidad están a la orden del día, y la depresión y el estrés son las principales causas de baja entre el personal fijo. Fuerte Apache no pretende ser un retrato pormenorizado de esta situación. Esa labor quizás corresponda más a la órbita del periodismo o el reportaje y, en todo caso, los que hemos hecho la película conocemos nuestras limitaciones. En realidad, y en más de un aspecto, Fuerte Apache podría considerarse un cuento para adultos, una fábula sobre las oportunidades para la esperanza que aparecen inesperadamente, a cualquier edad y en cualquier momento de nuestras vidas. Aun así, lo cierto es que toda historia necesita un paisaje, y nosotros hemos intentado acercarnos al máximo al nuestro: desde el guión, desde el cásting de nuestros protagonistas hasta el diseño de nuestra producción, esa guía nos ha marcado el rumbo y guiado en nuestra labor. El cine reinventa la realidad, crea algo distinto en lo que, sin embargo, aspiramos a reconocernos. Mientras contábamos nuestra historia no hemos querido olvidar esa realidad de la que partíamos y de la que, aún sin saberlo, todos formamos parte. El rodaje de Fuerte Apache tuvo lugar entre septiembre y octubre de 2005. Durante siete semanas y media, un equipo de setenta técnicos participó de la grabación de esta película. Canyelles (Barcelona), donde se encuentra la casa de colonias que se convirtió en el Centro Tutelar Can Jordá, y la ciudad de Barcelona (Barceloneta, Raval, Playa de San Sebastián, Born, etc.) concentraron la mayor parte de las localizaciones. La mayor dificultad a la hora de encarar la producción de la película fue encontrar a nuestros chicos. Ingente fue la labor de la joven directora de reparto, Irene Roqué, que junto con el director probaron a 1.500 chavales. Hamza, el actor que interpreta a Tariq, fue el último en aparecer a las pruebas. Acompañaba a su hermano, que también participa en la película, y no tenía intención de presentarse. Ante la insistencia de Irene se leyó una separata y se grabó en vídeo. E hizo una prueba inolvidable. Desde el principio tuvimos claro que el trabajo con los más jóvenes era el más delicado. Los actores Alberto Huici y Toni Bottaro (que también interpretan a dos educadores del centro) planificaron una brillante preparación previa al rodaje. Se buscaba trabajar con ellos sin quemar los personajes. Acompañarlos, guiarlos y cuidarlos dentro de una dinámica, la de rodaje, que es muy dura incluso para los profesionales. Durante el rodaje en Can Jordá, hubo días que entre figuración y actores contábamos con casi cien jóvenes que convivían en el centro. No fue fácil "mover" un equipo tan grande. La secuencia del despertar de los internos, por ejemplo, supuso más de dos jornadas de trabajo. Otra dificultad añadida supuso el durísimo calendario de trabajo de Lolita. Durante el rodaje de la película, la actriz se encontraba representando con éxito la obra de teatro Ana en el Trópico. Lolita sólo podía rodar con nosotros dos días a la semana. Terminada la función en Madrid, cogía un avión y se desplazaba a Barcelona, donde a primera hora comenzaba a rodar durante dos intensos días. Siempre profesional, siempre con una sonrisa, se ganó a todo el mundo en el rodaje. Y Juan Diego. Si nunca tuvimos dudas sobre que él era Toni Darder antes de la producción, una vez vista la película es imposible imaginar el personaje con otro actor. Un ejemplo para los más jóvenes de la película, fue un lujo poder trabajar con él, y aprender con él. |