Se podrían hacer muchas crónicas de la gran noche del cine español, la noche de los Goya. Se puede escribir desde casa, viendo la tele; desde la sala de redacción de Ifema -pegado a la misma pantalla- (la ventaja de eso es que, si ocurre alguna catástrofe, se puede decir: yo estuve allí) o a pie de alfombra roja que es donde se toma el verdadero pulso de la Gala. Ayer la alfombra roja era más glamourosa que nunca. Volvía Almodóvar y de paso se traía a nuestra pareja más hollywoodiense: Banderas y Melanie. El director manchego fue de los últimos en hacer el paseíllo y menos mal porque su llegada desordenó la normalmente milimetrada distribución de los medios que, en vez de en fila, se pusieron en corro ante la improvisada rueda de prensa que Almodóvar decidió dar a pie de red-carpet. Preguntado por las opciones de su película -en todos los corrillos se daba ya por vencedor a Urbizu- afirmó que no se sentía perdedor y con buen humor despejó a córner su enfado con la Academia. "Yo antes no venía a los Goya porque la alfombra era verde y no me gusta ese color, pero ahora que es roja he vuelto". No ganó él ni su película, pero sí lo hizo Elena Anaya, que iba guapísima con un vestido blanco roto de Lanvin. El mismo color, por cierto, que eligió Verónica Echegui, vestida de Gucci, que confesaba con sencillez que si le daban el premio tendría un problema, “es que se lo va a llevar Elena y yo no he pensado nada, la verdad”.
Otra que se llevó premio y que demostró su simpatía a raudales en la alfombra roja fue María León (luego en el estrado se mostró más emotiva y trágica), “es que yo soy tragicómica -señalaba- por eso me encantan las películas de Almodóvar”. Preguntada por su vestido -un elegante palabra de honor negro- decía con su inigualable acento: “Es de Lanvin, pero ahora me han dicho que se dice Lanvan, pero vamos que yo lo que digo es que es 'A la bim, a la bam, a la bim bom bam', porque es precioso". María le arrebató el Goya revelación a Michelle Jenner, una de las más glamourosas de la Gala con un vestido de Zuhair Murad (es cierto que el vestido era más para recoger un Oscar que para quedarse sentada en los Goya, pero hay que reconocer que era espectacular y que fue de las mejor peinadas... porque vimos cada cosa...).
Uno de los equipos más simpáticos sobre la alfombra roja fue el de Eva. Kike Maíllo reconocía estar encantado con la buena acogida de la película y no le quitaba el ojo a la pequeña Claudia Vega -un alarde de expresividad- que ajena al interés de los medios preguntaba a los periodistas cómo podía llegar al baño. A Daniel Brühl se le veía contento y relajado, lo de no ser favorito tiene sus ventajas... Ni Marta Etura -sencilla y guapísima como siempre con un vestido nude drapeado de pedrería de Gucci- ni Alberto Ammann -que además de ser encantador, sobre todo cuando “se deja” su acento argentino, iba perfecto con su Armani- estaban nominados pero atendieron a los medios de mil amores (también como siempre).
Urbizu y sus malvados se sabían ganadores. Juanjo Artero -impecable de Loewe- afirmaba que "todo lo que está pasando alrededor de la película es increíble para mí", mientras José Coronado, por si las moscas, avanzaba que "con el reconocimiento del público y de la crítica ya hemos vencido”. Lo cierto es que la crítica estaba con Urbizu y prueba de ello es el espontáneo aplauso con el que se recibió en la sala de prensa el premio al mejor director (que prácticamente confirmaba que el Goya a la mejor película era para ellos). Al terminar la Gala, y ya en el cóctel con los nominados, Coronado compartía con su hijo Nicolás -que no se separaba de la estatuilla- la alegría del premio. “He mantenido bastante el tipo en el discurso, no te quejarás, sólo me he emocionado un poco al final”.
Momentos emotivos y terroríficos looks
Una de las más solicitadas en la alfombra roja fue Silvia Abascal, la actriz reaparecía después de haber sufrido hace unos meses un ictus cerebral. Su presentación de los premios al mejor actor de reparto fue uno de los momentos más emotivos de la Gala.
¿Los patinazos? Melanie Griffith, además de poco favorecida con los floripondios cosidos, demostró que no sabe ni palabra de español y se limitó a sonreir. Victoria Abril, vestida de astronauta, pasó corriendo por la alfombra “porque tenía que preparar un número”. Inma Cuesta -mira que es mona la chica- con su vestido negro de Juanjo Oliva y escote kilométrico de encaje iba un poco ordinariota. Tampoco fue acertado el modelo de otra de nuestras guapas oficiales, Pilar López de Ayala, que iba de Nina Ricci. Sin embargo, la palma en cuanto al no-estilo se la llevó el equipo de Coixet. Si hubiera un Goya a la extravagancia y el mal gusto sería para ellos. Por unanimidad.