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La necesaria mirada del padre

Junto a negociadores requeridos en asaltos a bancos y venganzas terroristas de V, hay otros personajes que estos días podemos encontrar en la cartelera, y que con preocupante frecuencia articulan el cine de ficción: se trata del padre ausente, o del hijo que busca su referente paterno, según se quiera ver.

Junto a negociadores requeridos en asaltos a bancos y venganzas terroristas de V, hay otros personajes que estos días podemos encontrar en la cartelera, y que con preocupante frecuencia articulan el cine de ficción: se trata del padre ausente, o del hijo que busca su referente paterno, según se quiera ver.

 

 

Entre los últimos estrenos, el cine francés nos brinda una comedia romántica, fresca y divertida, que ha tenido un importante éxito de taquilla en el país vecino: Eres muy guapo. Por su parte, Argentina aporta una cinta pequeña y sin pretensiones, pero que también sabe mirar esa realidad desde un ángulo humanista y sin caer en la complacencia ni en la sensiblería: El cielito. Y del gigante asiático nos ha llegado recientemente un drama con el sabor cinéfilo de Cinema Paradiso: se trata de Memorias de China, ambientada en la Revolución Cultural, donde una niña encuentra en el cine al padre que no conoció, para más tarde descubrirle en una realidad que ya ha pasado factura. Las tres responden a un tipo de cine preocupado por retratar a los personajes en una encrucijada vital y desde una óptica humana, por mostrar sus carencias interiores o su necesidad de alcanzar una felicidad que excede a la comodidad material.

Eres muy guapo

En Eres muy guapo, la francesa Isabelle Mergault nos presenta a un agricultor que necesita un "repuesto" para su mujer fallecida, alguien que se ocupe de las tareas domésticas mientras él trabaja el campo. Por eso, acude en secreto a una agencia matrimonial y "contrata" a una rumana, inmigrante forzosa que deja allá a una hija con la que espera reunirse más adelante. Las interpretaciones de Michel Blanc y de Medeea Marinescu hacen creíble una evolución desde el amor que surge entre ellos y que entiende de renuncia y sacrificio escondido, dándole un tono contenido y positivo, sin derivar en lo dulzón. No por casualidad, Mergault ha dibujado un hombre rudo -Aymé- cuyo horizonte no alcanza más allá del tractor, sin hijos y con una mujer reducida al esquema de criada eficaz; para él, la joven Elena será el ejemplo a seguir y una luz que le empujará a decisiones impensables en otro tiempo, a vivir una nueva realidad que la hija vendrá a reforzar. Tampoco parece fortuito que en la película no se conozca nada acerca del padre de la niña, y que las circunstancias sociales arrastren a Elena a buscar empleo y dinero lejos de su país..., para finalmente encontrar un padre para su hija.

El cielito

Por su parte, la realidad propuesta por otra mujer, la argentina María Victoria Menis, es semejante a la que nos ofreció la oscarizada Tsotsi: la presencia de un bebé como desencadenante del proceso redentor de un joven desarraigado y con heridas infantiles sin cicatrizar. Tanto Tsotsi como Félix -protagonista de El cielito a quien la muerte de su abuela le ha dejado sólo en el mundo- son seres que arrastran una carencia afectiva en su formación inicial, pero que son capaces de responder ante el requerimiento de cariño de un niño desvalido. Ambos se ven empujados a que el pequeño no sufra el trauma que ellos han vivido -así lo plasman los directores de sendas películas a través de unos flash-back clarificadores-, por lo que se implican en una protección paterna en la que recibirán más que darán.

Memoria de China

En el caso de la conmovedora Memorias de China, el padre de la niña Ling Ling no puede dar la cara ante una severa política comunista familiar. Por eso, ante las preguntas de la cría, su madre tiene que inventarse un "padre de celuloide", uno de esos héroes cuya imagen es proyectada en las pantallas del cine al aire libre que madre e hija admiran. La evolución dramática de la cinta llega con el sentimiento de desplazamiento que la protagonista sufre con la llegada de un "hermanastro" y con el sentido de culpabilidad que asume, realidades que desembocan en una vida solitaria, sin un afecto familiar..., que de nuevo la ficción cinematográfica tendrá que suplir.

Remake

Más padres equivocados e hijos necesitados son los que el espectador puede ver en Remake, película del co-director de Smoking room, el barcelonés Roger Gual. Auténtica evocación del espíritu ácrata de mayo del 68, y reflejo de sus fatales consecuencias en la generación posterior: un reencuentro en una masía catalana es la ocasión para que los hijos recriminen a los que fueran hippies -ahora burgueses acomodados- su actitud irresponsable de aquellos años y su facilidad para "repetir" en ellos el modelo que habían rechazado de sus mayores, al imponer sus propios valores (o anti-valores). A pesar del tono pesimista y naturalista, se vislumbra una realidad que no hubo y que se critica irónicamente: el cariño y sentido verdaderamente paternal, que reproducirá en los hijos la desorientación vivida por aquella contra-cultura.

Remake

En este tipo de cine más o menos humanista, más o menos inteligente, priman las historias honestas e intimistas, con personajes que dejan ver el estado de su alma a través de miradas y rostros sinceros, que hablan pero fundamentalmente que dejan hablar y escuchan. Tanto es así que los silencios cobran sentido propio, los objetos se cargan de simbolismo, y los espacios geográficos (rurales o urbanos, porque la soledad abunda por doquier) adquieren su significado concreto. Es un cine cuidado y verdadero, con sentimientos pero sin sentimentalismo, por lo que su desenlace puede ser positivo y esperanzador, o más bien fatalista y desazonador: no importa, porque eso dependerá del derrotero que se quiera dar a la historia; pero unas y otras habrán puesto el dedo en la llaga, y lo habrán hecho desde el interior de unos seres dolientes y desarraigados, sin un pasado claro y a veces sin un futuro prometedor.

La lista de películas sobre la necesidad del padre, sobre las consecuencias de su ausencia (física o afectiva) sobre los hijos, o sobre la conveniencia de que el padre reconozca al hijo y construya su vida sobre esa "paternidad" sería muy larga. De hecho ha sido una constante en la historia del cine, y este subgénero ha dejado obras maestras como Los cuatrocientos golpes (François Truffaut), Fanny y Alexander (Ingmar Bergman) o París-Texas (Wim Wenders). Sin embargo, como decíamos al comienzo, lo más preocupante es cómo se ha intensificado en estos últimos años, en que la figura paterna -el modelo, el ejemplo- parece diluirse o desfigurarse. A título de ejemplo, ahí están las realizadas por los hermanos belgas Dardenne (Rosetta, El hijo o El niño), por el argentino Daniel Burman (El abrazo partido), el alemán Becker (Good Bye Lenin), el iraní Majid Majidi (El color del paraíso), el danés Lars von Trier (Bailar en la oscuridad), el ruso Andrey Zvyagintsev (El regreso), el italiano Gianni Amelio (Las llaves de casa), el holandés Mike van Diem (Carácter), el americano Tim Burton (Big Fish), o el español Daniel Cebrián (Segundo asalto), entre otros.

Good bye Lenin

Demasiadas películas -hay muchísimas más, pero no hay que aburrir-, y demasiadas nacionalidades distintas como para pensar que no pasa nada. A veces -sólo a veces- el cine es espejo de la sociedad y es entonces cuando puede ayudar a reflexionar. Aparte de pasar un rato entretenido y de disfrutar de la belleza de las imágenes o de unas convincentes interpretaciones, el espectador podrá también percibir a través de ellas que algo debe estar fallando en nuestra sociedad, si tantos directores ponen a sus personajes (padres e hijos) a buscarse mutuamente, algo que no es otra cosa que un intento por encontrarse a sí mismos.

Julio Rodríguez Chico