Pozos de ambición: cuando el petróleo era la fuerza motriz de la tierra
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Paul Thomas Anderson, dos veces nominado a los Oscar, ya había dirigido cuatro películas ambientadas en el Oeste, aunque cada una de ellas explora de forma totalmente diferente este territorio. Su primera película, Hard eight, era una cinta de suspense sobre un crimen ambientada en los casinos de Las Vegas. La siguiente fue Boogie nights, una visión caleidoscópica de la industria del cine para adultos; Magnolia es un complejo relato sobre una noche mágica y devastadora en el Valle de San Fernando; y Punch-drunk love (Embriagado de amor), un enfoque poco habitual de la comedia romántica. Pozos de ambición es la primera incursión de Anderson en los comienzos del emergente poderío y riqueza de California, antes de la industria del cine, antes de la tecnología, cuando el petróleo era la fuerza motriz de la tierra que atraía al Oeste a hombres ambiciosos y ávidos de poder en busca de fortuna y una nueva vida. El film empezó con Oil!, la novela escrita en 1927 por Upton Sinclair, aunque la película sólo está basada en el libro. Mientras estaba en una librería londinense, Anderson, que echaba de menos su país, encontró la novela y su portada con un paisaje de California le atrajo inmediatamente. Cuando empezó a leerla, le convenció la visión de Sinclair de este estado, en un tiempo en que los tenaces y audaces buscadores de petróleo transformaban el paisaje rural sembrando torres de perforación y yacimientos petrolíferos. "La novela está ambientada en una zona que conozco muy bien, Signal Hill, y esa parte de la historia de California siempre me ha parecido muy interesante", afirma Anderson. "Leer la novela me resultó apasionante". Ambientada en California, Oil! relata la relación de un millonario magnate del petróleo llamado J. Arnold Ross -inspirado en los magnates del petróleo de la época más ricos del país, incluido Edward Doheny- con su hijo, al que aspira a dejar el negocio familiar. Pero su hijo se rebela contra él y empieza a organizar a los trabajadores de su padre contando con la complicidad de una familia de fundamentalistas pentecostalistas extremadamente pobre, incluido un pastor carismático y ávido de poder llamado Eli Watkins. Al principio, Paul Thomas Anderson se inspiró en las primeras 150 páginas de las 500 que componen la novela de Sinclair, en las que explora en profundidad las precarias y duras vidas de los buscadores y los trabajadores del petróleo. También se sintió atraído por el enfrentamiento que relata Sinclair entre la avaricia desenfrenada y un idealismo espiritual fuera de todo control. Ambas situaciones entrañan insidiosas consecuencias. Inspirándose en esa fuente, dibujó sus propios personajes de Daniel Plainview y Eli Sunday, cuyos destinos se entrelazan. Inspirado por su investigación exhaustiva sobre la época y la geografía, Paul Thomas Anderson creó a Daniel Plainview como un hombre callado que confía en sus fuerzas y hecho a sí mismo debido a una dura lucha individual por la supervivencia. Y cuando encuentra petróleo, se ve inmerso de repente en el caos que produce el poder. Cuando Daniel Day-Lewis se embarcó en este proyecto para interpretar el papel, Daniel Plainview adquirió inmediatamente un perfil mucho más humano, pasando del humor negro a la locura más aterradora, de momentos de sorprendente ternura a arrebatos repletos de crueles amenazas. Day-Lewis, ganador de un Oscar y nominado en esta edición de 2008, es uno de los actores con más talento de su generación. El director Jim Sheridan, que ha trabajado en diversas ocasiones con él, declaró en el New York Times: "Si no da el 100 por 100 siente como si se estuviese traicionando a sí mismo. La anulación de uno mismo es imposible, pero él siempre está muy cerca de conseguirlo”. Pasaron dos años desde que Day-Lewis aceptó el papel hasta que comenzó el rodaje. De esta forma, el actor tuvo tiempo para estudiar tanto la vida de un petrolero de principios de siglo como las grietas del alma de Plainview. Se quedó fascinado con la naturaleza primitiva que tiene la extracción de petróleo, así como los febriles sueños que inspiró en mucha gente. Pero sólo unos pocos conseguían el poder y la fortuna. Estudió exhaustivamente a Doheny y a otros petroleros de la época. Luego, en el plató, se transformó por completo en el personaje, hasta el punto en que llegaba a dar miedo. Tal y como Paul Thomas Anderson sabía que haría. Anderson comenta: “Trabajar con Daniel Day-Lewis es un gran privilegio que han tenido pocos directores. Tuve que armarme de valor para pedírselo, pero siempre supe que sólo él podría interpretar este papel”. |