Acciones de Documento

Pausini y la Shoah



Unos grandes actores y una historia con muchas posibilidades se vienen abajo por el exceso de
afectación y la vacía pretenciosidad que desprenden el guión y la puesta en escena del
primerizo director.



Esta Aritmética emocional tiene todo para ser una buena película: grandes actores, una
historia con abundantes elementos de interés (el reencuentro de 3 supervivientes del
holocausto ... Aritmética emocional [2008]
Canadá  (Emotional arithmetic)

Paolo Barzman  Jefferson Lewis  Luc Montpellier  Arthur Tarnowski  Normand Corbeil  Susan Sarandon, Christopher Plummer, Gabriel Byrne, Roy Dupuis, Max Von Sydow, Dakota Goyo, Domini Blythe, Kris Holden-Reid  Golem  99 minutos  Adultos 

Unos grandes actores y una historia con muchas posibilidades se vienen abajo por el exceso de afectación y la vacía pretenciosidad que desprenden el guión y la puesta en escena del primerizo director.

Esta Aritmética emocional tiene todo para ser una buena película: grandes actores, una historia con abundantes elementos de interés (el reencuentro de 3 supervivientes del holocausto judío en Francia) y un paisaje de fondo sugerente (una casa de campo canadiense a orillas de un lago). Sin embargo es una obra muy prescindible.

Es verdad que contar algo de la Shoah a estas alturas no es fácil. Pero aquí el problema no es simplemente de originalidad. Es un problema del tono de la película que empieza filosófica preguntándose si Dios cree en la Humanidad, y se desarrolla con una superficialidad y unos excesos de sentimentalismo notables.

En este contexto los actores y el director buscan la conmoción desde el primer momento con un arranque verdaderamente pedante: Gabriel Byrne de espaldas mirando el lago, Sarandon con pose de "observo el paso del tiempo en el reflejo de mi rostro sufriente en el espejo de la vejez", y la música sensiblona de Normand Corbeil (tan poco eficaz aquí como en la anodina banda sonora que compuso para The Contract).

Pero nada comparado con las secuencias de flashback en los que se recuerda la infancia de Byrne y Sarandon en el campo de concentración. Hay un plano memorable en blanco y negro con los dos niños abrazados con una ventana de fondo en el que se sobreimpresiona el diario de los niños supervivientes mientras una oportuna lluvia empapa de grima el momento. Sólo falta que Laura Pausini comience entonces a cantar "Marcos se ha marchado para no volver" para que la escena sea completa.

Algunos diálogos pueden mantener viva la esperanza del espectador y el interés de la película, pero hay demasiados elementos comunes, demasiadas conclusiones evidentes y previsibles, demasiado ensimismamiento…Para una sobremesa en que uno esté blandito y muy poco exigente…

Claudio Sánchez
Biografías relacionadas