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Fallido melodrama montañés



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España

Mario Camus  M. Camus  Hans Burman  José María Biurrun  Sebastián Mariné  Álvaro de Luna, Marian Aguilera, Rodolfo Sancho, Oscar Abad, Mari González, Juan Margallo, José Manuel Cervino, Antonio de la Torre, Juan del Santo, Carlos Chamarro  Manga Films  119 minutos  Jóvenes 

 

 

Impregnada de amor por su tierra natal, la última película de Camus tiene demasiados problemas para funcionar con normalidad.

En un pueblecito cántabro, las vidas de tres personajes se van entremezclando a causa del azar y de las circunstancias que viven. Concebida casi como una obra teatral, la película se mantiene prácticamente estática en su conjunto, salvo en los momentos en los que se retratan las largas marchas del ciclista protagonista. En este sentido, El prado de las estrellas se asemeja a la concepción visual de José Luis Garci pero sin lograr la armonía de éste. Así mismo, Camus también opta por el redoblaje de los diálogos, lo cual hace que la interpretación de los actores se vea resentida por dos motivos: la artificiosidad y el barroquismo de sus expresiones, y la pérdida absoluta de emoción y verosimilitud.

A priori retrato de una pequeña ciudad y de sus gentes, El prado de las estrellas se construye de forma abrupta. Las tres tramas principales, más que cohesionar, parecen estar hilvanadas de un modo azaroso, creando un relato más o menos coherente pero sin mostrar una tensión ni un objetivo claro. A todo este caos se añade la elección de una banda sonora que, a todas luces, es equivocada. La música induce a pensar en un presagio de la muerte –especialmente flagrante en las larguísimas secuencias de ciclismo- que nunca llega. Lenta, artificial y vacía, El prado de las estrellas intenta retratar los sueños de sus personajes y se queda anquilosada en la vaguedad narrativa y extravagancia lingüística.

Laura Montero Plata
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