Sandler, aprobado en drama
En algún lugar de la memoria
[2007]
Estados Unidos
(Reign over me)
Mike Binder
M. Binder
Russ Alsobrook
Steve Edwards, Jeremy Roush
Rolfe Kent
Adam Sandler, Don Cheadle, Jada Pinkett Smith, Liv Tyler, Saffron Burrows, Donald Sutherland, Robert Klein, Melinda Dillon, Mike Binder, Jonathan Banks, Paula Newsome
Sony Pictures
124 minutos
Adultos
De la misma manera que el grueso Kevin Smith hizo una tentativa de abandonar la comedia más chabacana e inmediata con la pretendidamente adulta Jersey girl, el neoyorquino de 41 años Adam Sandler prueba de nuevo suerte en una faceta, la “seria”, que inauguró con la muy estimable Embriagado de amor (Paul Thomas Anderson, 2002). Sandler interpreta el personaje más oscuro de su carrera, y precisamente por ello conviene advertir que el cartel promocional de la película puede resultar engañoso. Mike Binder (Detroit, 1958) se atreve con un drama de peso en el que los apuntes cómicos solo sirven como contrapunto necesario para hacer soportable la dura premisa inicial. Charlie Fineman (Sandler) es un hombre roto por una tragedia en la que perdió a su familia. Enfrascado en un rainmaniano autismo, vive solo y apartado de todo. Un dentista, compañero de universidad (Don Cheadle), se reeencuentra con Charly y, movido por la curiosidad y por las ganas de hacer algo que le saque de su rutinaria existencia, se acerca a él. El reencuentro entre los dos dentistas, uno brutalmente traumatizado, y el otro vitalmente encorsetado, agitado e insatisfecho, sacará muchas cosas a la superficie. Cheadle desplaza a Sandler en tiempo en pantalla, pero no en intensidad interpretativa. Cheadle, actualmente en cartel con la rocambolesca nueva entrega de Ocean, dibuja con solvencia la célebre crisis de los 40. La cuidada banda sonora y una fotografía tanto más interesante cuanto más se recrea en los exteriores de una Nueva York que nunca duerme, dan solidez a una cinta que se mueve entre lo cómico (hay varios momentos para carcajearse sin complejos) y lo tremendo. Así, En algún lugar de la memoria se mueve en las aguas movedizas derivadas de lo arriesgado de su temática, y tiene a su peor enemigo en un par de escenas en las que Binder no termina de encontrar el tono. El resultado final adolece de un metraje a todas luces excesivo y de algunos secundarios (Tyler y Burrows) desacertados en su composición, la primera por desaprovechada (como es ya costumbre), la otra por estar metida con calzador. No obstante, el film se sitúa muy por encima de la media del melodrama norteamericano contemporáneo.