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El año del culebrón chino



Un poderoso hombre que está envenenando a su esposa. Una bellísima mujer que, mientras
maquina la venganza, se consume de celos, no por el marido sino por el hijastro, que la ha
abandonado (si, tuvieron un affaire) por otra bella mujer más joven que trabaja para la
familia. De repente aparece la primera mujer del magnate que además de ser madre del
hijastro, y para que todo se líe, es ... La maldición de la flor dorada [2007]
China  (Man cheng jin dai huang jin jia)

Zhang Yimou  Z. Yimou, Wu Nan, Bian Zhihong  Zhao Xiaoding  Cheng Long  Shigeru Umebayashi  Chow Yun Fat, Gong Li, Jay Chou, Liu Ye, Chen Jin, Ni Dahong, Li Man, Qin Junjie  Sony Pictures  118 minutos  Adultos 

Un poderoso hombre que está envenenando a su esposa. Una bellísima mujer que, mientras maquina la venganza, se consume de celos, no por el marido sino por el hijastro, que la ha abandonado (si, tuvieron un affaire) por otra bella mujer más joven que trabaja para la familia. De repente aparece la primera mujer del magnate que además de ser madre del hijastro, y para que todo se líe, es también madre de…

La sinopsis de la última película de unos de los más renombrados cineastas chinos, Zhang Yimou, podría ser el argumento de un buen culebrón venezolano.

Yimou, que ha cumplido los 56, tiene en su haber unos cuantos títulos sobresalientes, como Vivir, Keep cool, El camino a casa y más recientemente Hero. En esta última multipremiada y magistral película, el realizador chino conseguía unir un trabajado guión histórico-metafórico con una depurada y brillante estética. En La maldición de la flor dorada, Yimou vuelve a hacer alarde de un diseño de producción espectacular -con unos decorados apabullantes y unos vestuarios tan elaborados como imposibles-, pero este alarde (45 millones de dólares invertidos por Bill Kong, el productor de Tigre y dragón y de Hero) ahora sólo le sirve para envolver una especie de serial melodramático con un débil y rampante mensaje pacifista (similar al de Hero) que, sin embargo, no evita al espectador escenas de una violencia gratuita.

Parece que Yimou ha querido con esta tercera película -que empieza como ópera y acaba como opereta- pasarse al cine comercial. Y como sucede en éste, nos queda una historia que entretiene durante la primera hora -mientras se observan los brocados y se descubren donde terminan los amoríos-, y obliga a acudir a las palomitas para no aburrirse al final. Todo muy pegado a la taquilla (6,5 millones en USA y 53 en el resto del mundo) y muy alejado del arte, de las historias bien contadas y del, hasta ahora, magnífico cine de un maestro.

Ana Sánchez de la Nieta