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Tokio, una burbuja de cristal



Un cuento de hadas en el que el príncipe no ríe y la princesa vive encerrada en un castillo de
cristal. Conmovedor planteamiento para nuestro azaroso siglo XXI. Una de las capitales
emblemáticas de la modernidad, Tokio, es el lugar elegido por Sofía Coppola ( Nueva York,
1971) para situar el encuentro en un hotel de lujo entre un actor en declive - Bob Harris - y una
licenciada en ... Lost in translation [2004]
Estados Unidos-Japón

Sofía Coppola  Sofía Coppola  Lance Acord  Sarah Flack  Brian Reitzell, Kevin Shields  Bill Murray, Scarlett Johansson, Giovanni Ribisi, Ana Faris  UIP 

Un cuento de hadas en el que el príncipe no ríe y la princesa vive encerrada en un castillo de cristal. Conmovedor planteamiento para nuestro azaroso siglo XXI. Una de las capitales emblemáticas de la modernidad, Tokio, es el lugar elegido por Sofía Coppola ( Nueva York, 1971) para situar el encuentro en un hotel de lujo entre un actor en declive -Bob Harris- y una licenciada en filosofía por Princeton -Charlotte.

Interpretado por un magnífico Bill Murray, el protagonista masculino viaja a Tokio para promocionar una marca de whisky japonés del que, de manera cómica e incomprensible, él es la imagen. En el Tokio Hyatt también vive temporalmente Charlotte (Scarlett Johanson), una joven con aire de "virgen suicida" que busca su camino vital y emocional mientras acompaña a su marido fotógrafo. Dos personajes dispares, en una ciudad desconocida e impenetrable. El lugar perfecto para la sinceridad.

Desde el comienzo, la diferencia entre ambos aparece definida por su interactuación con la ciudad (tercer protagonista del film); las apariciones de Bob, marcadas por la ironía y la comicidad ambivalente contrastan con el intimismo y la introspección que guían las secuencias de Charlotte. Su encuentro supone un choque desconcertante y químicamente explosivo para sus vidas. Sofia Coppola plantea de forma elegante y contenida una relación personal sincera que encuentra el elemento común en la soledad. Los bares, restaurantes, templos y las calles de Tokio son testigos mudos de una historia que reporta análisis e introspección para cada uno de ellos, sin prejuicios ni moralinas, pero que enseguida pierde el ritmo y la acción se desvanece entre tanto impacto visual de la gran urbe.

Intimismo dramático

La dialéctica se intenta completar con una fotografía correcta y una banda sonora que contagia el estado anímico de Bob y Charlotte. Si en Las vírgenes suicidas (1999), la banda francesa Air reclutaba al espectador hacia el intimismo dramático de la historia, en Lost in translation los Sex pistols, Pretenders o Elvis Costello corroboran la presencia americana como música diegética en el mundo nipón. La comunicación musical es fundamental y en ella, la directora juega de nuevo con la ambivalencia entre la admiración por Japón y su ridiculización en el contexto de la comedia. El país muestra una ventana diferente al mundo, incomprendido por los americanos desde ese ombliguismo mundial que sincroniza con un nacionalismo caduco y absurdo.

Después de demostrar su capacidad imaginativa y su gran sensibilidad como directora en Las vírgenes suicidas, Sofía Coppola ofrece planos que hablan por sí mismos, manteniendo miradas y captando sentimientos que nunca se pronuncian. Pero esta arriesgada apuesta roza lo pretencioso y la historia parece que se estanca y que no acaba de arrancar aún cuando ya ha terminado la película.

Aún así, Lost in translation es algo más que una simple comedia. La perdurabilidad de sentimientos y la reflexión alzan la película a una categoría superior marcada por la reflexión vital y un buen hacer cinematográfico, en el que se perciben imperfecciones propias de una realizadora con pocas horas de vuelo. La película opta a los Oscar a película, director, guión y actor. Ya ganó tres Globos (mejor película -comedia o musical-, mejor guión y mejor actor) y dos premios en Valladolid.

Laura García Pousa