Sin novedad en el frente
Todo lo demás
[2003]
EE.UU.
(Anything else)
Woody Allen
Woody Allen
Darius Khondji
Alisa Lepselter
Woody Allen, Jason Biggs, Christina Ricci, Stockard Channing, Dany DeVito, Jimmy Fallon
Lauren Films
Como si se tratase del Ave Fénix, así se ha reciclado Woody Allen en su última película, presentada en Cannes y que clausuró la pasada Seminci. Su protagonista, Jerry Falk, no es más que el alter ego del cineasta americano más europeo: le traspasa todas sus obsesiones, a la vez que le utiliza para meter el bisturí y diseccionar una sociedad que se mira a sí misma hasta la neurosis. Una historia de amor -o mejor dicho, varias porque más bien se trata una sucesión de amores efímeros- que sirve para traer a escena al psiquiatra de turno, al mundo judío que no puede faltar -el director se reserva el papel y el nombre de David-, y las constantes referencias en su cine a las infidelidades conyugales y los problemas sexuales. Y de nuevo, la ironía punzante y corrosiva, el comentario ácido y demoledor que destroza las teorías más sofisticadas. Es bien conocido ese cinismo de Allen, capaz de hilvanar diálogos rápidos y agudos, de encadenar gags verbales llenos de ingenio: aquí lo consigue hasta con la figura de un protagonista-narrador que se dirige al espectador para distanciarse, reírse de sí mismo y de la realidad de la vida que nos está mostrando. Obsesiones, temas y acidez que no son nuevos. Es un filón que el director neoyorkino descubrió hace ya muchos años. Un aspirante a escritor, recién divorciado, pusilánime y condescendiente, se deja aconsejar por el experimentado David para embarcarse como guionistas en una aventura hollywoodiense. Amanda (Christina Ricci), una niña seductora que juega a ser mayor y salirse siempre con la suya cierra el trío. Amores a primera vista, sexo y afectos, inseguridad y rechazo al compromiso son temas que entran en la coctelera que también contiene irónicos dardos contra la política de defensa de EE.UU. y las leyes sobre la tenencia de armas de fuego. Allen nos da lo de siempre, ni más ni menos: lo mismo que en los otros treinta y dos largometrajes que lleva a sus espaldas. Sus incondicionales volverán a reír con sus frases ingeniosas y su capacidad para no dejar títere con cabeza, pero a un director como Allen se le puede pedir creación artística y temática, innovación, inconformismo, riesgo, nuevos senderos. Y todo esto se le ha olvidado al realizador de Annie Hall. Es como si no tuviera más que decir o no supiera cómo decirlo de otra manera: su mundo es un mundo cerrado, con estereotipos bien conseguidos, pero que no agotan una realidad que dista mucho de la que nos presenta. Porque al fin y al cabo, quizá el mundo -"todo lo demás", en alusión al título- no sea tan paranoico como nos lo presenta, y esa enfermedad quizá haya que buscarla más bien en la mirada.