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Sencillo canto a la esperanza



Isabel acaba de salir de la cárcel. Perdida y sin dinero, pero con las ideas claras -no quiere
volver a pasar ni un sólo minuto más entre rejas-, decide ponerse manos a la obra para mejorar
su situación. Un encuentro casual con su viejo amigo Rufo , ahora profundamente debilitado
por los excesos de una vida entregada a la heroína, le proporcionará la fuerza necesaria
para enfrentarse a ... 15 días contigo [2005]
España

Jesús Ponce   Jesús Ponce   Daniel Sosa  Fernando Franco  Víctor Reyes  Isabel Ampudia, Sebastián Haro, Mercedes Hoyos, José María Peña, Pepa Díaz Meco, Manolo Solo, Joan Dalmau, José Chaves  Sólida 

Isabel acaba de salir de la cárcel. Perdida y sin dinero, pero con las ideas claras -no quiere volver a pasar ni un sólo minuto más entre rejas-, decide ponerse manos a la obra para mejorar su situación. Un encuentro casual con su viejo amigo Rufo, ahora profundamente debilitado por los excesos de una vida entregada a la heroína, le proporcionará la fuerza necesaria para enfrentarse a los sinsabores de la calle. Entre ambos surgirá una compleja relación marcada por la dependencia, el resentimiento y la solidaridad.

El primer largo de Jesús Ponce en el terreno del largometraje parece arrojar las claves de lo que promete su trayectoria cinematográfica: el gusto por las cosas sencillas, sin alardes, tan propio de aquellos que quieren mostrar a sus espectadores una idea de forma clara y concisa; cierta empatía con esos personajes marginales que siempre albergan una porción de verdad; y una tendencia innata a la ironía que, quizá, podría haber resultado más jugosa de haberse adentrado por los caminos -ciertamente más comprometidos- de la autocrítica y la introspección.

La película, no obstante, se beneficia de las eficaces interpretaciones de Isabel Ampudia y Sebastián Haro. Sus respectivas actuaciones consiguen dotar de vida a la pareja protagonista, a pesar de los problemas generados por un guión que se estanca en determinados momentos para resucitar por medio de un arsenal de golpes de efecto que, si bien se encuentran estratégicamente situados, dejan al espectador con la sensación de que el director no ha dejado madurar suficientemente su historia.

Es de agradecer, en cualquier caso, la determinación de Ponce a la hora de no renunciar a la esperanza en un tiempo en el que la amargura y el cinismo parecen haberse convertido en la mejor moneda de cambio.

José Miguel Campos