Adiós a la reina

Retrato de la reina María Antonieta y su entorno privado durante los tres días que siguieron a la toma de la Bastilla. ****

Les adieux à la reine, 2011 País: Francia Dirección y Guión: Benoît Jacquot Fotografía: Romain Winding Montaje: Luc Barnier, Nelly Ollivault Música: Bruno Coulais Intérpretes: Diane Kruger, Léa Seydoux, Virginie Ledoyen, Xavier Beauvois, Noémie Lvovsky, Francis Leplay, Grégory Gadebois 100 m. +18 años (temática, sexo) Distribuidora: Karma Estreno: 4.5.2012

En otro mundo

14 de julio de 1789, la toma de la Bas­ti­lla. Los reyes están en Versalles. Sidonie es una joven doncella del servicio de la reina. Lee para la soberana y vivirá de cerca la zozo­bra de los tres días de julio que son el prin­cipio del fin de la Monarquía y de los pro­pios reyes de Francia. Sidonie no quiere creer ni ver los comportamientos indignos que se atribuyen a la reina.

La película, en la que hay coproducción es­pañola, tiene mucho interés porque el ma­terial de partida es muy interesante. La no­vela de Chantal Thomas retrata a la reina tal y como la percibe una sirviente fasci­nada y de alguna manera como la percibe el pueblo, alentado por los malos ejemplos de la propia reina y las exageraciones y calum­nias de algunos revolucionarios que man­charán los nobles motivos de una revolu­ción justa, con un comportamiento abyec­to, que tiene en el juicio contra la propia reina una de sus manifestaciones más re­pulsivas. Maria Antonieta, que reina desde los 18 años, tiene en este momento 33, y vive obsesionada con la moda y la eterna ju­ventud mientras la hambruna se apodera de París.

Jacquot ha tenido el acierto de hacer un apun­te, más que un fresco. El guión es apasio­nante y al centrar la atención en la donce­lla, y en solo tres días de su vida junto a la reina, nos hace entender muchas cosas, en­tre ellas el tremendo odio que Maria An­to­nieta generó en el pueblo y en muchos líde­res de la revolución.

El éxito de la película, mucho más inteligen­te que la de Sofia Coppola, aunque cier­tamente complementaria, se debe a un re­parto absolutamente fabuloso y a una rea­lización muy digna, con una fotografía, una música y un diseño de producción exce­lentes. Diane Kruger y Léa Seydoux están sencillamente perfectas, rodeadas de se­cundarios inspirados entre los que destaca el mismísimo Xavier Beauvois, director de De dioses y hombres, que encarna de una ma­nera muy inteligente a Luis XVI.

Jacquot ha podido rodar en Versalles pe­ro en ningún momento se deja llevar por la ten­tación de querer “contar la Historia con ma­yúscula”, cosa que hubiera sido un tremen­do error. La trágica historia de esos tres días de julio encierra muchas lecciones.

No es imprescindible pero ayuda haber es­tado en Versalles para comprenderlo. Para mí, es uno de los lugares más gro­tescos que re­cuerdo, un verdadero monu­mento a la estu­pidez humana en grado su­pino. Tal repul­sión me despertó, que renun­cié a visitar el in­terior de ese palacio ver­daderamente porno­gráfico, co­mo todo el conjunto.

Los crímenes y la barbarie de la revolución francesa producen pavor, pero es pisar Ver­salles y entiendes muchas cosas. Sa­cra­li­zar la revolución francesa, esa orgía sangui­no­lenta, es una sandez. Tanto como hacer­lo con la monarquía. Hay impresentables con gorro frigio y con corona. Esta película ayu­da a comprenderlo mejor.

Alberto Fijo


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