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Cine fórmula



El londinense Anthony Minghella sabe combinar los elementos -elevadas dosis de
sensiblería, la creatividad justa y un puñado de buenos actores- para que sus trabajos no
pasen inadvertidos. Ésta, más o menos, fue la receta empleada para que su paciente inglés
le encumbrará a las alturas de lo cinematográficamente relevante, éxito que todavía
algunos no alcanzamos a comprender del ... Breaking and entering [2007]
Reino Unido/EE.UU.

Anthony Minghella  A. Minghella  Benoît Delhomme  Lisa Gunning  Gabriel Yared, Underworld  Jude Law, Juliette Binoche, Robin Wright Penn, Rafi Gavron, Poppy Rogers, Martin Freeman, Vera Farmiga, Ray Winstone  Buena Vista  120 minutos  Adultos 

El londinense Anthony Minghella sabe combinar los elementos -elevadas dosis de sensiblería, la creatividad justa y un puñado de buenos actores- para que sus trabajos no pasen inadvertidos. Ésta, más o menos, fue la receta empleada para que su paciente inglés le encumbrará a las alturas de lo cinematográficamente relevante, éxito que todavía algunos no alcanzamos a comprender del todo.

Como en Cold Mountain la cosa ya sonaba pretenciosa, en Breaking and entering cambiamos de tercio y planteamos un drama modernete y cosmopolita, sobrecargado de asuntos que pretenden tener cierto calado. El problema es que el pasado casi siempre pasa factura y, al final, la cinta es lo que es, un melodrama ambicioso y bastante más superficial de lo que pudiera parecer.

Breaking and entering toca temas como la inmigración, el autismo, los problemas de pareja y la inevitable, según parece, infidelidad, las consecuencias de la guerra de Bosnia, los problemas materno-filiales cuando el hijo es un jeta...; y todo ello en 120 excesivos minutos.

Después de una primera parte más o menos novedosa (ya lo habían hecho los franceses en Yamakasi hace cinco años), con un chico que utiliza el pankour para robar repetidamente en una lujosa oficina recién instalada en King's Cross, la cinta se desliza por el pisadísimo sendero del drama romántico hollywoodense a mayor gloria de Miramax. Un par de asuntos incomprensibles -como el de la prostituta, un poco de cine de tesis y un final de doble mortal con pirueta terminan el asunto.

La factura es elegante gracias al tratamiento que Delhomme hace de las luces, la música acertada, y las actuaciones correctas. Y es por eso que Minghella consigue algún momento brillante a pesar de los excesos del guión, que hubiera sido más llevadero en noventa minutos.

Marta Romero
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