A la sombra de Hayao Miyazaki
Cuentos de Terramar
[2006]
Japón
(Gedo senki)
Goro Miyazaki
G. Miyazaki, Keiko Nuwa
Tamiya Terashima
Aurum
115 minutos
Jóvenes
Goro Miyazaki, se queda a la sombra del padre y no
consigue una voz propia debido a la carencia de un universo visual propio. La última película del
Studio Ghibli llega a nuestras pantallas después de mucha expectativa,
aderezada con un poco de polémica. Tras las varias tentativas de retirada de
Hayao Miyazaki, es evidente que el estudio de animación necesita un relevo a
marchas forzadas. En un intento estratégico por parte del productor Toshio
Suzuki, se le ofreció la dirección del nuevo proyecto al hijo del maestro: Goro
Miyazaki. La controversia subsiguiente vino por la rotunda oposición del padre
a que el hijo se encargara del proyecto, puesto que la incursión en el mundo de
la animación de éste último era nula: encargar tamaña tarea a un principiante
parecía a todas luces arriesgado. El otro punto discutible
es que el film no basaba únicamente en la novela de Ursula K. Le Guin, sino
también en un libro de ilustraciones de Hayao Miyazaki titulado Shuuna no Tabi
– El viaje de Shuna (1983). Aunque se ha dicho que esta obra fue una primera
adaptación del relato de Le Guin, en realidad el germen de la narración es un
cuento tibetano llamado El príncipe que
se transformó en perro. Con todo, el problema
principal de Cuentos de Terramar no
radica tanto en que toca de forma tangencial el libro en el que está basado
como que esté tan estrechamente vinculado al universo visual de Hayao Miyazaki.
No sólo en lo que a diseños de personaje se refiere, sino en la utilización de
determinados elementos que remiten a La
princesa Mononoke o a Nausicaä del Valle del Viento. La belleza de los fondos
y la calidad de la animación demuestran el buen hacer del estudio, pero en la
planificación se trasluce la falta de experiencia del director y se revela que,
en manos de un realizador más experimentado, se podrían haber explotado de
forma más efectiva muchos recursos. No obstante los elementos funcionan y el
conjunto visual es coherente y comprensible. A pesar de los problemas visuales
que toda ópera prima pueda tener y que son perfectamente excusables, el gran
escollo del film se encuentra en un guión firmado por los debutantes Goro
Miyazaki y Keiko Niwa. El relato tiene altibajos rítmicos, el hilo argumental
da bandazos narrativos y la motivación de algunos de los personajes resulta
demasiado vaga y obtusa. En el segundo punto de giro la acción se vuelve
precipitada y algunas de las resoluciones se tornan engañosas. Globalmente, Cuentos de Terramar es una película
interesante y de una gran belleza estética pero con el inconveniente de haber
sido realizada en el Studio Ghibli y de que el realizador sea el hijo del
consagrado cineasta Hayao Miyazaki. Su descendiente, Goro Miyazaki, se queda a
la sombra del padre y no consigue una voz propia debido a la carencia de un
universo visual propio. Habrá
que ver con el tiempo si el audaz intento de Studio Ghibli da fruto y Goro
Miyazaki crece como director y se despoja completamente de las trazas
artísticas de su padre. Como primer intento resulta un film más que aceptable,
que sigue la línea temática más adulta de la productora. Cuentos de Terramar –al igual que Porco Rosso o La princesa
Mononoke- está destinada a un público adolescente y adulto. Buena prueba de
ello es que la distribuidora Aurum sólo ha distribuido la película en salas de
versión original subtitulada. Esperemos que esta iniciativa abra las puertas a
otras obras de anime que por ahora
sólo logran ver la luz en España en formato DVD.