Descomposición intestinal
El código Da Vinci
[2006]
EE.UU.
(The Da Vinci code)
Ron Howard
Akiva Goldsman, Dan Brown
Salvatore Totino
Dan Hanley, Mike Hill
Hans Zimmer
Tom Hanks, Audrey Tautou, Jean Reno, Ian McKellen, Alfred Molina, Paul Bettany
Sony Pictures
Cabía dentro de lo posible que la adaptación al cine del bestseller de Brown fuese capaz de insuflar un poco de vida y emoción a un relato prolijo y aburrido, cargado hasta los topes de esas frecuentísimas digresiones que invitan continuamente al salto. La trama rocambolesca y los personajes-florero de la novela tenían la misión de permitir a Dan Brown marcarse mil y una peroratas de charlatán de feria sobre la verdadera naturaleza de Cristo y las mafiosas estratagemas de la Iglesia para extender la mentira sobre su condición divina. La película es bastante fiel al libro y, por ello, un tostón monumental. Howard no hace nada para evitar o reducir el tamaño –había formas bastante sencillas- de un polvorón de 148 minutos, que, a diferencia del libro, no admite el triple salto sobre los capítulos de rollete gnóstico-mistérico. Eso me parece y eso le ha parecido a los colegas presentes en Cannes que han recibido la cinta con un desprecio y/o indiferencia parecidos a los que gastaron los críticos literarios en el 2003. El infantil didactismo abracadabrante de la película, la nula emoción, la manera ridícula y caprichosa en la que se resuelven las situaciones de tensión más comprometidas, las crispadas interpretaciones de unos personajes que son monigotes desnaturalizados e incoherentes terminan por agotar al espectador, incluso al espectador ideologizado dispuesto a apuntarse con fruición a todo pim pam pum que se organice contra todo lo que huela a apestoso catolicismo. La cara de descomposición intestinal del tándem Hanks-Tautou es el icono más representativo de este despropósito. Para las escuelas de cine quedará esa secuencia -magistral, imperecedera, mágica- que contiene el tierno y emotivo reencuentro entre Sophie y su abuela, un clímax en el que es casi imposible reprimir la risa. Dan Brown puede estar satisfecho: la película de Ron Howard ha hecho justicia a su libro.