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Música rusa, músicos rusos



Una película que podía haber sido muy grande se queda en un lugar digno por culpa del desmadre
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google_ad_channel = ""; //-- ... El concierto [2009]
Francia / Italia / Rumanía / Bélgica  (Le concert)

Radu Mihaileanu  R. Mihaileanu, Matthew Robbins, Alain-Michael Blanc  Laurent Dailland  Ludovic Troch  Armand Amar  Alexei Guskov, Mélanie Laurent, Dimitri Nazarov, Valeri Barinov, Miou-Miou, François Berléand, Anna Kamenkova, Lionel Abelanski  Vértigo  119 minutos  Jóvenes 

Una película que podía haber sido muy grande se queda en un lugar digno por culpa del desmadre histriónico.

Muy buenos mimbres tenía esta coproducción internacional (predominantemente fran­cesa, y como tal aspira al César), diri­gida por el rumano Mihaileanu (Vete y vi­ve, interesante aunque pastosilla película), pe­ro el cesto resultante no es el que uno espe­raba. En mi caso siempre espero mu­cho de las películas en las que la música y/o los mú­sicos tienen el protagonismo, por­que -per­dón por ponerme solemne- la mú­sica, cuan­do es Música, no hay nada hecho por los seres humanos que la supere en be­lleza. Apro­vecho lo escrito para animarles a ver Un corazón en invierno (1992), de Clau­de Sau­tet, que me parece maravillosa, ca­si insu­perable. Ya puestos con el cine fran­cés tam­bién hay tramos exquisitos en To­das las ma­ñanas del mundo (1991), de Alain Cor­neau, valiosa aunque ciertamente irregu­lar.

La historia de El concierto, una comedia con apuntes melodramáticos, es buena, inclu­so muy buena: el director ruso de la orques­ta del Bolshoi, represaliado por los comu­nistas, lleva 30 años sin tocar, trabajando en la limpieza del teatro en que antes era un divo. Se le presenta la oportunidad de reunir a su orquesta y volver a tocar na­da menos que en París.

El problema es de guión, que no da con el tono y se instala en un histrionismo acele­rado, que a ratos es agotador. Una cosa es que los rusos blancos tengan fama (es el sam­benito chusco de toda la vida) de senti­mentales e inconstantes, y otra es entregar­se de una manera tan desmelenada a la ca­ricatura facilona: se me puede objetar que lo hace la inefable La cena de los idiotas, pero Mihaileanu no es Francis Veber (y a Veber le ha salido ese tono logradísimo una vez, las demás no tanto).

Con todo, la cinta está muy bien rodada y tiene un reparto excelente. Hay momentos magníficos y Mélanie Laurent (Maldi­tos bastardos) está deslumbrante, especialmen­te en la vibrante secuencia del concierto pa­ra violín de Tchaikovsky, uno de los más com­plejos de ejecutar que existen (no de­­sa­provechen la ocasión y consigan un DVD con una de las prodigiosas interpretacio­nes de Itzhak Perlman). Podría haber si­do una gran­dísima película, pero se queda en el apro­bado alto.

Alberto Fijo

estrella 3



Mélanie Laurent... y Tchaikovsky.

Tanto bufoneo agotador.

Web oficial de la película

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