A mi madre le gusta jugar con barbies
El novio de mi madre
[2007]
EE.UU.
(I could never be your woman)
Amy Heckerling
A. Heckerling
Brian Tufano
Kate Coggins
Mike Hedges
Michelle Pfeiffer, Paul Rudd, Saoirse Ronan, Tracey Ullman, Jon Lovitz, Fred Willard
DeAPlaneta
97 minutos
Jóvenes-adultos
Rosie es productora de televisión. Hace años que entró en la cuarentena y tiene dos divorcios a sus espaldas y una precoz hija adolescente. En el despreocupado mundo que le rodea, parece que sólo hay un peligro: envejecer, más en el caso de Rosie, que se enamora de un joven y extravertido actor. Amy Heckerling (Mira quién habla, Fuera de onda) escribe y dirige esta comedia romántica que sirve, entre otras cosas, para que Michelle Pfeiffer vuelva a la pantalla después de cinco años (parece ser que fue la propia actriz la que recuperó este proyecto que dormía desde hacía tiempo en un cajón). Le pesa a la película el sobreprotagonismo de la Pfeiffer en un papel que, aunque cortado a su medida vital, no necesitaba tantos planos. Heckerling arranca bien la cinta con una crítica muy certera al endiosamiento de la juventud que sufre gran parte de la sociedad. Una exaltación que puede llegar a la neurosis en mundos como el de la moda o el espectáculo donde, además, se vive de la imagen. La realizadora americana, algo encasillada desde Aquel excitante curso en los films sobre jóvenes y adolescentes, refleja con habilidad la cada vez más débil frontera que separa a algunos adultos de los adolescentes. En ese sentido, las imágenes de Rosie jugando a las barbies con su hija o pidiéndole consejo sobre cómo vestir en la primera cita con su novio son, además de hilarantes, tremendamente turbadoras. En este primer tramo, Heckerling construye algunos buenos diálogos, en otros se hubiera agradecido un poco más de sutileza, centrados en el paranoico deseo de los productores del programa de ganar al público joven con su propia jerga. El problema es que, una vez expuesta esta atinada crítica, y como la única alternativa que muestra la madre Naturaleza (empieza a ser moda colocar elementos esotéricos) es que los viejos piensen en la artritis (y con eso no hay forma de hacer una película), la cinta pasa a deambular por un terreno más trillado -el del romance en plan "contigo pan y arrugas"- y más aburrido. Lástima, porque lo que hubiera podido ser una ácida comedia se queda en una comedieta, a ratos graciosa a ratos zafia, con buenas intenciones y un final pastel. Aunque al menos hay que agradecer que no nos someta al falso melodrama existencial de la nefasta Secretos compartidos (otra de romances entre mujeres maduras y jóvenes desinhibidos).