Houdini y la medium
El último gran mago
[2007]
Reino Unido / Australia
(Death defying acts)
Gillian Armstrong
Tony Grisoni, Brian Ward
Haris Zambarloukos
Nicholas Beauman
Cezary Skubiszewski
Guy Pearce, Catherine Zeta-Jones, Saoirse Ronan, Timothy Spall
DeAPlaneta
97 minutos
Jóvenes
La australiana Gilliam
Armstrong (Charlotte Gray, Mujercitas) firma un destacable biopic sobre el
famoso escapista húngaro Harry Houdini. Para los poco aficionados al ilusionismo: Harry
Houdini fue un famosísimo mago. Nació en Hungría en 1876 pero pronto sus padres
emigraron a Estados Unidos. Aunque desarrolló todo tipo de trucos de magia,
fue especialmente conocido por sus
números de escapismo. Enfrentado a los defensores del espiritismo y ocultismo
mantuvo su cruzada particular contra estos, especialmente cuando una médium
afirmó haber conectado con su difunta madre. Además de un gran mago, Houdini
fue un precursor del show-business. Para promocionarse supo contar con el apoyo
de los medios de comunicación y sus giras se convertían en auténticos
espectáculos de masas. Prueba de ello es,
ochenta años de su muerte, darse una vuelta por la red: además de miles
de páginas dedicadas a este mago, se pueden ver algunos de sus números en
Youtube. Con este material, Tony Grisoni (autor de los guiones de In this world y Tideland de
Winterbottom) y Brian Ward (coautor de la historia en
que se basó el guión de La intérprete, que escribieron Zaillian, Frank
y Randolph) han escrito
un curioso biopic. Curioso porque, a pesar de la abundante documentación, el centro de la historia, más que en Houdini,
está en dos personajes ficticios; una bella mujer que actúa como médium en una
vulgar sala de espectáculos y su hija, una espabilada adolescente, seguidora
ferviente de las hazañas del mago. De
hecho, los dos co-guionistas confiesan que, al principio, la historia se centró
en la relación madre-hija y solo después entró Houdini. Y se nota, pues
probablemente lo menos conseguido de la película es un romance que, a pesar de
la química de los actores, resulta poco creíble, por superficial y por falso:
en realidad, Houdini estuvo siempre muy enamorado de Bess, su mujer, con la que
vivió hasta su dramática muerte. Tampoco se ajusta a la verdad la atracción que
muestra el mago por el ocultismo, especialmente en el último tramo de la cinta;
en la vida real, Harry Houdini combatió estos supuestos fenómenos con
argumentos de peso e incluso llegó a publicar artículos en revistas científicas
y libros monográficos sobre estos temas. Las localizaciones de la película, tanto en
Edimburgo (la ciudad natal de la escocesa Zeta-Jones) como en Londres son muy
resultonas y los efectos digitales para envejecer ambas ciudades están bien
hechos. Llama la atención el diseño de producción que saca buen partido a un
presupuesto muy razonable, 20 millones de dólares, tratándose de una cinta de
época. La realizadora australiana de 57 años Gilliam Armstrong (Charlotte Gray, Mujercitas) ha conseguido una cinta más entretenida
que El truco final y más compleja que
El ilusionista, muy bien realizada e
interpretada, aunque, como ya ocurría en Charlotte Gray, se nota que la
directora sigue teniendo problemas de estructura en sus largometrajes dramáticos. En el apartado interpretativo, destaca Saoirse Ronan (que posteriormente rodaría Expiación, por la que fue candidata al Oscar). La jovencísima
actriz consigue comerse al resto del estelar reparto y, eso que todos están muy
bien y ninguno es un novato. Ana Sánchez de la Nieta