Interesante cambio de rumbo
Harry Potter y la Orden del Fénix
[2007]
Inglaterra / Estados Unidos
(Harry Potter and the Order of the Phoenix)
David Yates
Michael Goldenberg, J. K. Rowling
Slawomir Idziak
Mark Day
Nicholas Hooper
Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Michaell Gambon, Imelda Staunton, Gary Oldman, Brendan Gleeson, Emma Thompson, Maggie Smith, Alan Rickman, David Thewlis, Ralph Fiennes, Evanna Lynch
Warner
138 minutos
Jóvenes
La quinta entrega de una de las sagas cinematográficas más taquilleras de la historia del cine demandaba un cambio de rumbo para mantener su atractivo, y eso es lo que ha conseguido David Yates, un director curtido en la industria televisiva británica con una casi nula experiencia en la pantalla grande, aunque sea a costa de perder parte del puro entretenimiento y espectacularidad que han caracterizado a las cuatro películas anteriores sobre el niño mago. En Harry Potter y la Ordén del Fénix han desaparecido los partidos de quidditch, las subtramas infantiloides y la sobreabundancia de criaturas fantásticas. Aquí todo orbita alrededor del héroe de la historia y su crecimiento personal en preparación al mal al que deberá hacer frente en las dos últimas partes, que se estrenarán en 2008 y 2010. Y esta es precisamente la principal debilidad de la cinta: se nota demasiado que estamos ante una obra de transición, interesante y necesaria, pero por desgracia es probable que, cuando la epopeya toque a su fin, sea la menos recordada de las siete que componen la saga. La historia se retoma desde el mismo punto en el que se dejó: Voldemort, el gran villano del universo creado por J. K. Rowling, ha regresado con la pretensión de recuperar el poder que le convirtiera en uno de los magos más temibles y legendarios. El único testigo de este hecho es Harry, quien antes de comenzar su quinto año en Hogwarts deberá hacer frente a una campaña de desprestigio orquestada por el Ministerio de la Magia. Yates no quería tomarse la película como un mero encargo e intenta imponer su propia visión cinematográfica. Para ello pidió rodearse de sus habituales colaboradores, el montador Mark Day y el compositor Nicholas Hooper (sin llegar al nivel de John Williams, hace un trabajo mucho más notable que el que hizo Patrick Doyle en El cáliz de fuego), así como de un peso pesado en la dirección de fotografía, como es Slawomir Idziak (Black Hawk derribado, Gattaca), famoso por sus colaboraciones con Kieslowski. El resultado es un blockbuster más que atípico para los tiempos que corren, oscuro y serio, de ritmo pausado y largos planos, con casi toda la acción concentrada en su último tramo, que habrá que ver como es recibido por las nuevas generaciones, que en el fondo son los principales destinatarios del producto. Por lo menos aplaudimos la valentía del realizador británico. En el apartado interpretativo destaca por fin Daniel Radcliffe, quien se aprovecha del hecho de que la película gire más que nunca en torno a su personaje para ofrecer registros de actor maduro. Dentro de las caras nuevas está espléndida y divertidísima Imelda Staunton, en el papel de profesora con aires inquisidores, así como Evanna Lynch, una niña algo repipi pero que se come la pantalla cada vez que aparece. El film no será la única alegría que tendrán los seguidores de Harry Potter este verano, ya que en pocas semanas se publicará la última entrega literaria de la saga creada por J. K. Rowling. Juan Claudio Matossian