La política es una comedia muy (¿pero tan?) negra
In the loop
[2009]
Reino Unido
Armando Iannucci
Jesse Armstrong, Simon Blackwell, A. Iannucci, Tony Roche
Jaime Cairney
Anthony Boys, Billy Sneddon
Adam Ilham, Elysian Quartet
Peter Capaldi, Tom Hollander, James Gandolfini, Mimi Kennedy, Paul Higgins, Gina Mckee, Steve Coogan, Chris Addison
Avalon
109 minutos
Adultos
Armando Iannucci da muestras de su conocimiento del muy británico género de la sátira política con una película tan vibrante y divertida como cínica y grosera. La egregia tradición británica en materia de sátira política –por algo son los padres del parlamentarismo moderno- presenta una nueva entrega tan brillante y divertida como oscuramente cínica. In the loop narra la peripecia de Simon Foster, incompetente y tierno ministro británico de Desarrollo Internacional, tras dar alas con unas embarulladas declaraciones a una guerra en ciernes que en realidad pretende evitar. Un halcón del Gobierno de los Estados Unidos aprovecha la coyuntura y lo invita a Washington para que apuntale sus planes bélicos. Simon acude presuroso, acompañado por un advenedizo becario y perseguido por su feroz jefe de gabinete. Los malentendidos y navajazos rastreros se suceden a un ritmo vertiginoso. La opera prima de Iannucci en el cine esconde muchos años de éxito en televisión, donde se cuece buena parte del mejor talento audiovisual contemporáneo: ¿qué productora tiene hoy el prestigio de la HBO? Guión y ritmo, velocidad e ingenio. Todo huele a la mejor televisión, con aromas a El ala oeste de la Casa Blanca, pasada por ese inconfundible humor inglés a lo Sí, señor ministro. Pero ojo, con una sólida entidad fílmica -de estructura redonda pese a la complejidad del tema y el protagonismo coral- y un ambicioso aliento surrealista que remite a Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? Aquí no aparece aquel insólito Peter Sellers, más que proteico, parodia de sí mismo. Pero una magistral dirección de actores consigue que todos bailen a un compás nada sencillo con caracteres tan subrayados: las interpretaciones de Peter Capaldi, Tom Hollander o el Soprano James Gandolfini bordean la genialidad sin arrollar al prójimo. Y los jóvenes no les van a la zaga. Los múltiples escenarios y subtramas -navajazos en la alta política por el poder, navajazos entre subordinados por un ascenso, navajazos sentimentales por un revolcón...- no emborronan una claridad sorprendente, dada la cantidad de información. La burocracia de faxes, informes y teléfonos calientes se hace entrañable y tristemente comprensible, verosímil hasta el dolor. Porque el hilo conductor, tan bien llevado, es un cinismo arrasador, resaltado por el lenguaje más soez –en cantidad y “calidad” de obscenidades- de los últimos tiempos. La acidez resulta estimulante -aquellos chicles de fresa...-, pero al cabo de más de hora y media masticando puede provocar úlcera. ¿Es lo que hay? Entre el bobaliconamente bondadoso premier Hugh Grant de Love actually y esto tiene que haber un término medio. Ángel Peña ▲ El ritmo y el ingenio del guión. ▼ Exceso de cinismo. Valoración: 3'5/5