Tierra, familia, casa, amor, odio
La casa de mi padre
[2008]
España / Francia
Gorka Merchán
Iñaki Mendiguren
Aitor Mantxola
Teresa Font
Fernando Velázquez
Carmelo Gómez, Juan José Ballesta, Verónica Echegui, Álex Angulo, Emma Suárez
Filmax
100 minutos
Jóvenes
El donostiarra Gorka Merchán se estrena con una apreciable opera prima sobre una familia vasca que vive el terrorismo etarra en carne propia. Txomin Garay es un empresario vasco que, después de 10 años en el exilio, vuelve a su pueblo acompañado de Blanca, su mujer, y su hija Sara. La razón: su hermano Koldo se está muriendo. Koldo, del que siempre ha estado distante por sus ideas, le pide que cuide de su hijo Gaizka, un joven pelotari que empieza a ser problemático. El guión desarrolla una historia, la de una familia vasca cualquiera, en un contexto atemporal y sin una localización determinada. Es un relato sencillo, sin grandes pretensiones, que quiere retratar los buenos y malos momentos de la vida de una familia apegada a su tierra en la que conviven el odio -mucho odio- y el amor a su gente, a “la casa”. Y el joven realizador guipuzcoano (33 años) lo pone en pie de un modo bastante decente. La trama atrapa desde el primer momento, y avanza a buen ritmo, generando una tensión adecuada, hasta llegar al clímax. Sin innovaciones formales, la cinta cuida la foto y el montaje y usa una música tierna y emotiva (en especial Lau tailatu del grupo Itoiz, versionada por Amaia y Mikel Erentxun). Los diálogos, en general auténticos (me parece secundario el hecho de que hablen poco en vasco para transmitir la motivaciones de cada uno), podían haber estado más perfilados en algunas intervenciones artificiosas y tópicas de algunos secundarios. Carmelo Gómez, Emma Suárez y Juanjo Ballesta cumplen sin grandes alardes, mientras Verónica Echegui flojea en su personaje bisagra. La película, presentada en el pasado Festival de Cine de San Sebastián tiene poco que ver con la innovadora y arriesgada Tiro en la cabeza, de Jaime Rosales. Más cercana desde el punto de vista formal a Todos estamos invitados (Gutiérrez Aragón, 2008), La casa de mi padre es más convincente y se perfila, cuanto menos, como una interesante opera prima. Sofía López