La cueva de los sueños olvidados

Werner Herzog vuelve a sorprender con una historia distinta en un documental muy bien escrito y rodado en 3D. ****

Cave of forgotten dreams, 2010 País: Alemania/Canadá/Francia/EE.UU/ Reino Unido Dirección y Guión: Werner Herzog Fotografía: Peter Zeitlinger Montaje: Joe Bini, Maya Hawke Música: Ernst Reijseger 95 m. +12 años Distribuidora: Wanda Estreno: 22.6.2012

Prehistoria en 3D

En 1994, tres espeleólogos descubrieron una entrada escondida y claustrofóbica de la cue­va de Chauvet en el sur de Francia, que hoy se considera uno de los principales “mu­seos” de arte prehistórico. Más de 400 pin­tu­ras rupestres, muchas de ellas de más de 30.000 años de antigüedad, que se mantie­nen alejadas del gran público para facilitar el man­tenimiento de la cueva y la inves­ti­gación científica y artística de los exper­tos.

Werner Herzog (Munich, 1942) es proba­blemente el director de documentales más importante de la actualidad. Desde fina­les de los 60 ha dedicado casi toda su acti­vidad profesional a historias muy diversas que comparten un interés creciente por el uso de la música como elemento dramáti­co, la utilización metafórica de la naturale­za y una visión bastante pesimista del ser huma­no.

Para quien no conozca su biografía le acon­sejo que investigue por su cuenta porque no tiene desperdicio. Herzog nació en ple­na decadencia del Reich alemán de Hit­ler, años después fue abandonado por su pa­dre, y ya en la tardía adolescencia viajó por todo el mundo en busca de historias que contaría en más de 30 títulos desde fina­les de los 60. Entre sus películas destacan Grizzly Man (documental por el que fue no­minado al Oscar), Encuentros en el fin del mun­do, El país del silencio y la oscuridad y Futuro incierto. Siempre ha sido un persona­je lúcido y extravagante, capaz de cumplir una apuesta que consistía en comerse su propio zapato (como casi todo, está en you­tube), emulando a Chaplin en La quime­ra del oro.

Estos apuntes biográficos creo que son ne­­cesarios para entender este documental que mira a la prehistoria en 3D. El uso de es­ta técnica da bastantes posibilidades ya que la profundidad de campo es un valor esen­cial para reflejar la belleza de la cueva y los magníficos paisajes periféricos, especial­mente en los logradísimos planos aéreos. La variedad de personas que explican la cue­va (historiadores del arte, geólogos, paleon­tólogos) hace que el documental no pier­da interés en ningún momento y que sea muy asequible entender la trascendencia de este descubrimiento.

Herzog se apoya en sus fotógrafo y compo­sitor de banda sonora habituales para crear una atmósfera muy sugerente. La importan­cia de la música es tan grande que el mis­mo Herzog rodó otro mediometraje sobre la labor de Ernst Reijseger titulado Oda al amanecer del hombre, en el que se ve la maestría del compositor que logra que los instrumentos vayan mostrando la evolución del ser humano desde sus orígenes. Es­ta banda sonora cuenta con la inestimable ayu­da de la voz narradora del propio Herzog, que es muy sugerente, con un matiz y una cadencia difícil de encontrar.

Es una lástima que Herzog tenga una mira­da tan distinta a la de Malick en El árbol de la vida. Ambos cineastas comparten esa ad­miración respetuosa hacia la Creación, pe­ro donde uno ve orden y armonía el otro ve caos y sinsentido. Esto hace que Herzog aca­be la película con una metáfora (el coco­dri­lo albino que se mira al espejo), muy crea­ti­va y sugerente pero que da un tono inne­cesariamente nihilista y pedagógico al do­cumental.

Claudio Sánchez


Comments are closed.