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Arriesgado y notable debut



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España

Jorge Sánchez-Cabezudo  Jorge Sánchez-Cabezudo  Ángel Iguacel  Pedro Ribeiro  Krishna Levy  Carmelo Gómez, Judith Diakhate, Celso Bugallo, Manuel Morón, Mariano Alameda, Vicente Romero, Walter Vidarte, Cesáreo Estébanez, Fernando Sánchez-Cabezudo, Petra Martínez  Alta 

 

 

Iba avisada: este chico promete y es una de las mejores películas españolas del año. Una cuasi opera prima, rodada por un cuasi novel director, conocido, de momento, por ser guionista de Al salir de clase y rodar unos cuantos cortos (La gotera y Mustek) premiados en algunos festivales.

¿El resultado? Efectivamente, Jorge Sánchez Cabezudo ha conseguido con su primer largometraje pasar, sobradamente, el nivel de calidad medio del cine español (cosa que, sobre el papel, no parece muy  complicado). No le ha dado miedo el debut y, arropado por un buen reparto, capitaneado por un siempre solvente Carmelo Gómez, se ha atrevido a rodar una película de cine negro en un entorno rural.

A través de una narración escalonada y con un tratamiento del tiempo muy eficaz (atención a ese nexo de unión entre las historias; un auténtico homenaje al invento de Marconi), La noche de los girasoles cuenta seis dramáticas historias que arrancan a partir de una agresión sexual.

Sorprende el empaque visual de la película, la cuidadísima realización, el ajustado montaje, el conseguido ritmo del suspense, la dirección de actores: no parece la obra de un primerizo.

Sin embargo, para ser una película redonda, a la cinta de Sánchez-Cabezudo le falta oxígeno. Afirma el joven realizador que, sin ser una película moralista, ni pretender dar lecciones de moral, quiere hacernos reflexionar un poco... Y probablemente lo consiga porque hay claramente algunos temas que invitan a darle más de una vuelta en la cabeza: el peso de la culpa, la responsabilidad de los actos en la vida de los demás, la tortura que supone -para uno y para el vecino- instalarse en el engaño, el declive de la vida rural, la soledad...

El planteamiento de estos temas en las sucesivas historias es sugerente, el problema es que el realizador español, quizás porque -como él también dice- no pretende dar respuestas, cierra estas cuestiones a base de portazos con un pesimismo y una visión tan determinista de los personajes que al final a uno sólo le queda la triste esperanza de toparse o con el loco o con la tonta. Y tampoco es eso.

En resumen, Sánchez-Cabezudo ha querido presentarnos dos películas en una: como film de cine negro, negrísimo, notable alto. Como thriller psicológico, es una losa artificialmente pesada.

Ana Sánchez de la Nieta
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