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La importancia de llamarse Otelo



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EE.UU.  (Othello)

Tim B. Nelson  Brad Kaava, basado en la novela ‘Otelo’ de William Shakespeare  Russell L. Fine  Kate Sanford  Jeff Danna  Mekhi Phifer, Josh Hartnett, Andrew Keegan  Lauren Films 

 

 

Vuelve a las pantallas el más importante guionista del cine norteamericano, Sir William Shakespeare (1564-1616). Un tipo que escribía no del todo mal, y que sabía dar a sus personajes un calado humano y una profundidad psicológica muy alejada de la estereotipada tónica actual. Este Laberinto envenenado no es sino una adaptación de Otelo, y lo poco bueno que tiene se lo debe al genio de Stratford. Ésta es una de esas versiones plagadas de "en vez de". Los personajes son lo mismo, pero no son lo mismo. Me explico: en vez del general moro Otelo aparece un tal Odin, un prometedor jugador de baloncesto negro. En vez del perverso Iago tenemos a Hugo, un joven segundón en el deporte y en la vida. En vez de la fiel Desdémona tenemos a una Desi de lo más jasp, wasp y guay (y no me pregunten qué significa eso). En vez de en Venecia el drama transcurre en un instituto norteamericano de alto copete. En vez de la música de la famosa ópera Otelo que compuso Rossini, tenemos rap.

Películas de "en vez de" shakesperianas se han hecho unas cuantas, pero de bastante más calidad. El mismísimo cine japonés se ha aventurado a ello con el maestro Kurosawa (1910-1988). Su Ran (1985) no es sino el Rey Lear, y su Trono de sangre (1957) no es sino Macbeth; y Al Pacino hizo algo tan particular con Ricardo III como era Looking for Richard (1996).

El director Tim Blake Nelson parece tocar todos los palos después de la bastante más interesante La zona gris (2001). Laberinto envenenado es ciertamente un laberinto, un laberinto circular. Trata de lo que Otelo: de la tentación, de cómo ella produce la ambición, de cómo la ambición trae los celos, los celos las traiciones, las traiciones el dolor, y el dolor la tentación y vuelta a empezar. Para consolar al purista diremos que algunos diálogos son fotocopiados del libreto de la obra de teatro. Pero todo con mucha violencia, mucha droga, y mucha desilusión juvenil. Hay cierta atmósfera de película de terror adolescente tipo Sé lo que hiciste el último verano (1997) o Scream (1996). Lo mejor es el final, pero no soy tan canalla para comentárselo y eso que a veces a uno le entran ganas.

Los actores sin duda se esfuerzan. Entre ellos vemos a Martin Sheen y a Josh Hartnett -Black Hawk derribado (2001), Pearl Harbor (2001)-, que hace de Hugo, pero le falta presencia, o no sé, ese algo indescifrable e intangible que productores clásicos como Louis B. Mayer (1885-1957) o David O’Selznick (1902-1965) buscaban en sus estrellas. Claro que eso también se decía de Robert de Niro cuando empezó y ya ven ustedes.

Juan Velarde
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