Divulgar sin vulgarizar
Oh, Jerusalén
[2006]
Francia/Reino Unido/Italia/Grecia/Israel/Estados Unidos
(Ô Jérusalem)
Elie Chouraqui
E. Chouraqui, Didier Lepecheur
Giovanni Fiore Coltellacci
Jacque Witta
Stephen Endelman
J.J. Feild, Saïd Taghmaoui, Maria Papas, Patrick Bruel, Ian Holm, Tovah Feldshuh
Notro Films
108 minutos
Jóvenes
El best-seller de Lapierre y Collins llega a la pantalla de la mano del francés Chouraqui. Aunque a ratos la película se queda pequeña, el acercamiento a la historia que se propone es interesante y certero. Adaptación de “Oh, Jerusalén”, de Dominique Lapierre y Larry Collins, periodistas y autores de otros libros de divulgación histórica convertidos en best-seller como “Arde París”, “Esta noche la libertad” o “La ciudad de la alegría”). Esta novela cuenta la historia de la creación del Estado de Israel en 1948 a través de dos amigos, uno árabe y el otro judío, que se trasladan de Nueva York a la tierra prometida, donde arriesgan sus vidas luchando por lo que creen. En el año 2000 Elie Chouraqui (París, 1950) dedicó su primera película (Las flores de Harrison) a la guerra de Yugoslavia contando con un reparto de altura. Aquí ha optado por actores prácticamente desconocidos (con la excepción de un Ian Holm perfectamente mimetizado como Ben Gurion), que interpretan con mucha convicción a sus personajes, aunque dudo que el doblaje no rebaje considerablemente su meritorio trabajo. El principal problema de la película es que a veces se queda corta: en el diseño de producción (planos generales, escenas bélicas), en la banda sonora (Endelman no acierta en los momentos de clímax, y tiende a saturar en el resto del metraje con una música a la que le falta fuerza y personalidad), etc. Esto resta intensidad al conjunto de una historia monumental que pretende reflejar la importancia de Jerusalén como referente espiritual de la mayor parte de la humanidad (cristiana o musulmana). Aún así, la película se ve con interés porque la historia, muy buena pero muy compleja, se hace asequible y amena, utilizando con frecuencia material de archivo histórico. Aparte, el director sabe dosificar la emoción de la película sin caer en la lágrima fácil y en el diagnóstico apresurado. De esta manera queda una película divulgativa, pero no vulgar. Emocionante, pero no manipuladora.