Acciones de Documento

Perdón sin olvido









Image: resolveuid/5a8e23bfd5145a6686539d3b146a7bf4











El polaco Rafał Wieczyński rinde homenaje a un héroe que nunca quiso serlo, un cura
brutalmente asesinado en 1984.



El guionista y director Rafał Wieczyński con­vierte su segunda película en un creíble
tes­timonio épico que relata con verismo y vo­luntaria sencillez la vida de Jerzy
Po­pie­łusz­co, un cura que ... Popiełuszko. La libertad está en nosotros [2009]
Polonia  (Popieluszko. Wolnosc jest w nas)

Rafał Wieczyński  R. Wieczyński  Grzegorz Kędzierski  Marek Ciszewski  Paweł Sydor  Adam Woronowicz, Zbigniew Zamachowski, Marek Frąckowiak, Joanna Szczepkowska, Radosław Pazura  European Dreams Factory  100 minutos  Mayores de 16 años 


estrella 3



El polaco Rafał Wieczyński rinde homenaje a un héroe que nunca quiso serlo, un cura brutalmente asesinado en 1984.

El guionista y director Rafał Wieczyński con­vierte su segunda película en un creíble tes­timonio épico que relata con verismo y vo­luntaria sencillez la vida de Jerzy Po­pie­łusz­co, un cura que se niega a mirar para otro lado en momentos muy difíciles. Un pas­tor que decide no abandonar el rebaño re­vuelto cuando el lobo tremendo alimentado por los rusos quiere seguir triturando seres humanos que piden libertad. Un cura co­rriente que tiene claro que lo suyo no es ha­cer política, que lo que puede dar a su gen­te, a su país, es aquéllo que su iglesia le ha confiado, un evangelio, unos sacramentos, un mensaje de esperanza.

Retrocedemos hasta los ochenta, viajamos a una Polonia convulsa que se alza con­tra una dictadura implacable. Un pueblo que se levanta de la mano de un sindicato que lidera el electricista Lech Walesa. Cuan­do los huelguistas solicitan al Cardenal Wy­zyns­ki la presencia de un cura que les acom­pañe, que les conforte, Popiełuszco llega a las puertas de la acería de Varsovia.

Es muy eficaz la inteligente secuencia al co­mienzo de la cinta, una lección de historia donde el director muestra el papel del cle­ro en el levantamiento: no lideran, sólo sus­tentan la fe de unos obreros, muchos de ellos profundamente católicos, que actúan por su cuenta sin esconderse detrás de sota­nas, pero negándose a dejar su fe al margen de su pelea contra el comunismo.

El director polaco aboga por una historia pe­gada al personaje, con protagonista único, lo que resulta novedoso frente a otras pe­lículas que optaron por otras estrategias, por conflictos más eficaces pero menos arries­gados (por ejemplo, Conspiración para matar a un cura, estrenada en 1988 y dirigida por Agnieszka Holland, discípula de Wajda y actual presidenta de la Academia de Cine Polaca).

En el plano narrativo encontramos la histo­ria de una muerte anunciada, con un logra­do incremento de la tensión a medida que avanzamos. Una muerte que duele, no só­lo por la injusticia atroz sino por la buena interpretación de Adam Woronowicz, que llena de humanidad a Popiełuszco, y ha­ce que su drama se cuele en el alma del es­pectador.

Wieczyński reconoce que emprendió el pro­yecto como una obligación moral, para rom­per el silencio sobre unos hechos trascen­dentales para su país, y quizá sea esa di­ficultad por hacerse oír lo que explica cier­tos excesos dramáticos que rebajan la ca­lidad de la cinta y un aire televisivo en op­ciones de montaje. La atmósfera creada es aparente, pero la inserción de imágenes de archivo no termina de funcionar: no casan con el tono general y la desafortunada mú­sica no ayuda.

El enorme esfuerzo para documentar este tra­bajo, que se empeña en ser lo más verídi­co posible, es encomiable. El director ha bus­cado la sencillez porque sabía que muchos de los que verían la película en Po­lo­nia habían vivido los hechos con más o menos cercanía, pero siempre con una fuerte con­moción.

La presencia del propio cardenal Jozef Glemp, interpretándose en una suerte de emo­cionante desagravio, te pone un nudo en la garganta. La suma de todo lo expuesto hace del film algo más que una pelícu­la. Por eso, más allá de deficiencias técni­cas y de un relato ciertamente imperfecto, es com­prensible que la cinta llevara en su estre­no polaco en 2009 a cerca de un millón y medio de espectadores. De alguna manera, es una forma de no olvidar, de recordar que el perdón es compatible con la verdad y la justicia. "La esperanza no se puede matar", dijo este sacerdote de 37 años pocos me­ses antes de ser asesinado por funcionarios del gobierno polaco: tenía razón.

Cristina Gómez

El vigor interpretativo de Adam Woronowicz.

A ratos, el aire televisivo.

Web oficial de la película



Síguenos en... 

Facebook final

twitter


.
Nuestro boletín
Su dirección de correo

Visitar los archivos
Novedades FilaSiete

Goya 2012: a pie de alfombra roja

Volvía Almodóvar y de paso se traía a nuestra pareja más hollywoodiense: Banderas y Melanie

XXVI premios Goya. Ganan los malvados... y el resto

Enrique Urbizu triunfa con 6 galardones, incluyendo película, director y guión, en una noche en la que hubo premios para todos

Urbizu triunfa en los 66º premios CEC

"No habrá paz para los malvados" se lleva 5 medallas, incluyendo película, director y actor, José Coronado.

Cómo escribir una serie dramática de televisión

Espartaco (Parte IV: Determinación del casting)

Michelle Williams

Ignacio Ferreras, director y guionista de "Arrugas"