Prometheus

| 08/08/2012

Muchos quisieran hacer esta película que está por encima de la media de los hits veraniegos, pero pasará a la historia como la última oportunidad fallida de volver a ver al gran Ridley Scott. ***

Prometheus, 2012 País: EE.UU. Dirección: Ridley Scott Guión: Jon Spaihts, Damon Lindelof Fotografía: Dariusz Wolski Montaje: Pietro Scalia Música: Marc Streitenfeld Intérpretes: Noomi Rapace, Logan Marshall-Green, Michael Fassbender, Charlize Theron, Idris Elba, Guy Pearce, Sean Harris 124 m. +18 años (violencia cruda, sexo) Distribuidora: Fox Estreno: 3.8.2012

Vuelta a los orígenes de Alien y de Ridley Scott

Por ser la precuela de Alien, el octavo pasajero, Prometheus ha sido una de las pelícu­las más esperadas de los últimos tiempos, ade­más porque suponía la vuelta de Ridley Scott a la ciencia ficción, el género que le hi­zo verdaderamente grande (con la ya nom­brada y Blade Runner). Era casi la última esperanza de alzar de nuevo la carrera de un realizador que, sin haberse arrastrado ni mucho menos, coleccionaba una cara pro­ducción tras otra, con grandes actores, bue­nos puntos de partida y grandes ideas que, una vez vistas, eran perfectamente olvi­dables. A saber: El reino de los cielos, Un buen año, American gangster, Red de menti­ras, Robin Hood… todas bien rodadas, a prio­ri ambiciosas, pero al final insustanciales. Muchos otros directores hubieran dado un brazo por haber hecho estas películas, pe­ro es algo triste que un realizador que ha si­do revolucionario pase a no aportar nada más que films que se dejan ver.

Después de esta larga introducción, queda por despejar la gran incógnita: ¿es Pro­me­theus el filme que nos devuelve por fin al gran Ridley Scott? Por desgracia, no. Pe­ro eso sólo lo digo por querer ir al grano por­que, volviendo a lo de antes, no quiere de­cir que estemos ante una mala película.
Vayamos por partes: corre el año 2093, la na­ve Prometheus se dirige a un planeta remo­to en el cual, de acuerdo a pinturas rupes­tres encontradas en la Tierra, puede estar la clave para descifrar el origen del ser hu­mano. A bordo hay unos cuantos, pero los que de verdad nos importan son Eli­za­beth Shaw (Noomi Rapace), una científica que no ha perdido la fe, su novio (Logan Mar­shall-Green), la representante de la com­pañía que financia la expedición (Charlize Theron), el capitán del artefacto vo­lador (Idris Elba) y el androide que no pue­de faltar en peli del género que se precie (Michael Fassbender).

Tiene el punto de partida de las grandes cin­­tas de ciencia ficción, aquéllas que crean rea­lidades nuevas para preguntarse el ¿de dón­de venimos? ¿a dónde vamos? ¿por qué es­tamos aquí? Material que es explotado de ma­ravilla al principio, con un prólogo estimu­lante, una elipsis inteligente y unas esce­nas en el primer cuarto de la pelí­­cula que son la perfecta traslación cinema­­tográfica de la fascinación que produce la exploración es­pacial y la búsqueda de res­­puestas. Ecos de 2001: una odisea en el es­pacio y de lo me­jor del primer Alien, pero con un toque dis­tinto.

De pronto, la pelícu­la se embala, la ma­yoría de los personajes, a los que realmen­te no ha­­bíamos llegado a co­nocer, nos de­jan de im­por­tar, y a Ridley Scott le da por homena­­jear­se a sí mismo. El pro­blema es que repe­­tir las fórmulas que te con­virtieron en un re­volu­cionario en los años 70 -inclu­yendo el efec­tis­­mo gore- no im­pacta igual y menos te con­­vier­te en un revolucio­nario en 2012. La cul­pa, todo hay que de­cirlo, no sólo se la debe­ría llevar Scott, también hay un guión en el que se no­tan demasiado las huellas de Da­mon Lin­de­lof, que ya demostró como pro­duc­­tor ejecu­tivo de la serie Perdidos su ca­paci­­dad para di­señar interesantes universos, plan­­tear gran­des y valientes cuestiones (¿son ciencia y fe incompatibles?) y luego im­­­provisar, dán­dole igual si el desarrollo pos­­te­rior de la tra­ma y los personajes y el de­­sen­lace son iló­gicos, vagos e insustanciales.

Con todo, además del muy buen primer cuar­to, el filme tiene buenas secuencias de acción, grandes actores que hacen bien su tra­bajo, un 3D que es instrumento al servicio de la película y no una excusa y, en gene­ral, se deja ver bastante mejor que la mayo­ría de los blockbusters veraniegos. Pero es una pena que Ridley Scott, que está a punto de cumplir 75 años, haya quedado sólo pa­ra esto.

Juan Claudio Matossian


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Category: Críticas

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