Un Panda con alerones y pegatinas
Rastro oculto
[2008]
Estados Unidos
(Untraceable)
Gregory Hoblit
Robert Fyvolent, Mark R. Brinker, Allison Burnett
Anastas Michos
David Rosenbloom
Christopher Young
Diane Lane, Billy Burke, Colin Hanks, Joseph Cross, Mary Beth Hurt, Daniel Liu, Perla Haney-Jardine, Peter Lewis, Chris Cousins, Brynn Baron
Universal
100 minutos
Adultos
Un
thriller del director de Fracture
que recuerda a Tesis
pero que tiene mucho menos originalidad y una vergonzosa complacencia en el
morbo.
El tejano
del 44 Gregory Hoblit (Fracture,
La guerra de Hart, Frequency)
ha hecho mucha tele y algo de cine, a un ritmo que le permite elegir bien los
escasos largometrajes que ha dirigido. Lo digo porque Hoblit es un expertísimo
productor de series tan conocidas como Canción
triste de Hill Street. Los defectos y las virtudes
que observamos en la circense Fracture
se mantienen. Bueno, la verdad es que, por ser preciso, crecen
aquellos y decrecen estas; porque en Rastro oculto hay mucho más morbo autocomplaciente y
casquería gratuita que en la película protagonizada por Gosling y Hopkins. Aquí la
cosa va de una versión retorcida de Tesis,
es decir, una de snuff movies, añadiendo alerones al vehículo: un asesino que
monta una web para asesinar en vivo permitiendo una especie de macabra interactuacción
con los navegantes; por un lado; una poli viuda que trabaja en una unidad
especializada en delitos internéticos, por otro. Hoblit
podría haber hecho algo con mucha más sustancia pero en vez de arremangarse
decide no quitarse la chaqueta -y si me apuran el abrigo- y hace una película
fácil y tópica, previsible y sensiblera. Vamos un pedazo de 127 Special. No
contento con el resultado, coloca al "bólido" una enorme pegatina para
regañar a los internautas morbosos y desalmados. Mientras lanza su discursito
para que nos saquemos las pajas de nuestros pecadores ojos,
una viga de hormigón con herrajes y todo sobresale del ojo de la
cámara de Hoblit, hipócrita a más no poder. En fin, un pasatiempo verbenero, dirigido
por un tipo con oficio. Por cierto, y por aquello de la verbena, vaya
maquillaje de Diane Lane (menudo estropicio que le han hecho a esa
mujer: en buena parte del metraje parece que llevará una manita de yeso
bien servida). La cosa es especialmente cantosa cuando comparte
plano con esa niña monísima, la inolvidable B. B., hija de Uma en Kill
Bill.