Del videoclip al cine: ida y vuelta
Ritmo salvaje
[2007]
EE.UU.
(Idlewild)
Bryan Barber
B. Barber
Pascal Rabaud
Anne Goursaud
John Debney
André Benjamín, Antwan A. Patton, Paula Patton, Terrence Howard, Faizon Love, Malinda Williams
Universal
121 minutos
Adultos
Tres son los coproductores de Ritmo salvaje: André Benjamín, Antwan A. Patton -los dos integrantes del dúo musical Outkast que, de paso, protagonizan la película- y Bryan Singer, director y guionista del film, que debuta en el cine después de haber dirigido la mayoría de los videoclips del grupo. Después de vender millones de copias de sus discos y ganar un puñado de Grammys, el dúo decidió que había que hacer una película y aquí está. Ritmo salvaje trata de contar -otra cosa es que lo consiga- la historia de dos amigos afroamericanos que viven en un pueblucho del sur de los EE.UU. en los años 30. Desde la adolescencia, sus vidas giran alrededor de un local musical de baja estopa. Rodeados de gangsters, alcohol y prostitutas, los dos amigos tratarán de sacar adelante el local y sus carreras musicales. Si quieren más datos pueden leer alguna sinopsis: la más corta cuenta tres cuartos de la película, entre otras cosas, porque hay poco que contar. No se puede tener todo en la vida y Bryan Barber, que debe ser muy bueno dirigiendo videoclips, tiene serias dificultades para escribir un guión. La historia de Ritmo salvaje es ramplona, simple, manida y está escrita a trompicones. Barber empieza con una crónica social de burdel (por cierto con una óptica machista de juzgado de guardia) para después probar fortuna con el cine de gangster… Cuando lleva un rato en este registro se atranca y entonces decide pasarse a la telenovela sentimental: una historia absolutamente topiquera que, a pesar de todo y visto lo anterior, se agradece. ¿Qué cómo pasa de un registro a otro? Elemental, con un videoclip: este formato le permite hacer todo lo que la lógica narrativa impide: desde resucitar a un muerto perforado por las balas hasta copiar el final de Moulin Rouge. Entre videoclip y videoclip, Barber nos enseña todo lo que sabe hacer con la cámara y el ordenador… y tampoco es para levantarse del asiento. Para mayor desgracia, la música no ayuda demasiado al conjunto: se hace reiterativa igual que las coreografías, empeñadas en que lo único que brille sea el mal gusto. Con este conjunto quedan desaprovechados unos buenos bailarines, un más que correcto reparto y una destacable ambientación.