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Barcelona, 1974



Diez años después de Antártida , Manuel Huerga (Barcelona, 1957) dirige su segundo
largometraje, una reconstrucción de los últimos meses de la vida de Salvador Puig Antich ,
militante anarquista, ejecutado en la cárcel modelo de Barcelona el 20 de marzo de 1974. 

El primer tramo, la detención, es el más flojo; está lleno de tópicos. La historia de la
militancia activa de Salvador se ... Salvador [2006]
España

Manuel Huerga  Lluís Arcarazo, basado en el libro Cuenta atrás, de Francesc Escribano  David Omedes  Aixalà, Santy Borricón  Lluís Llach  Daniel Brühl, Tristán Ulloa, Leonardo Sbaraglia, Joel Joan, Leonor Watling  Jaume Roures  Warner 

Diez años después de Antártida, Manuel Huerga (Barcelona, 1957) dirige su segundo largometraje, una reconstrucción de los últimos meses de la vida de Salvador Puig Antich, militante anarquista, ejecutado en la cárcel modelo de Barcelona el 20 de marzo de 1974. 

El primer tramo, la detención, es el más flojo; está lleno de tópicos. La historia de la militancia activa de Salvador se ve bien, es animada y tiene ritmo, aunque algunas exageraciones le resten valor: el equipo de policías rivaliza para mostrar quién es más odioso; hay un atraco a un banco que parece inspirado en los westerns de Sam Peckinpah; y la secuencia con la antigua novia de Salvador es plana. En cambio, la parte carcelaria, cuando se descubre el lado humano del condenado, es notable.

La película tiene un prólogo y una coda, seguramente prescindibles. Anuncia que va a mostrar un ejemplo de idealismo, de sinceridad y de lucha por la libertad en los últimos años de la dictadura de Franco y termina con imágenes del entierro de Puig, en medio de un férreo control policial, donde una voz en off habla de la repercusión de los hechos. 

Huerga logra sacarle una gran actuación a Daniel Brühl al enfrentarlo a actores y actrices de talla, en primer lugar a Leonardo Sbaraglia, un sencillo carcelero que se convertirá en su amigo. Solamente desentonan aquí el sacerdote y el verdugo. El primero porque, claramente, no sabían que hacer con él y le dan un par de frases neutras, de relleno; el segundo porque han creado a un personaje de Berlanga fuera de lugar en este drama.

La película de Huerga es buen cine: transmite auténticas emociones y hace creíbles a sus personajes. Más alla de las evidentes simpatías del director por el personaje queda un hermoso alegato contra la pena de muerte. La evocadora música de Llach es acertada y casa bien con la imaginería de Huerga, que demuestra tener buen ojo.

Fernando Gil-Delgado