Directa al infierno
Satanás (Perfil de un asesino)
[2007]
Colombia / México
(Satanás)
Andrés Baiz
A. Baiz
Mauricio Vidal
Alberto de Toro
Angelo Milli
Damián Alcázar, Marcela Mar, Blas Jaramillo, Teresa Gutiérrez, Martina García, Marcela Valencia, Andrés Parra, Isabel Gaona, Vicky Hernández, Patricia Castañeda
Alta Classics
95 minutos
Adultos
Una película colombiana basada en una novela
de Mario Mendoza que aporta muy poco en su irregular relato de viaje al centro
de la tierra mala.
Tradicionalmente,
las escasísimas producciones colombianas que llegaban a estrenarse en nuestro
país se encuadraban ya fuera en el realismo social de Víctor Gaviria (La vendedora de rosas) y
discípulos, o en el realismo mágico de Sergio Cabrera (Golpe de estadio) y acólitos. En cualquier caso, siempre se
trataba historias muy localistas que apenas tenían sentido o razón de ser fuera
del contexto del país sudamericano. Con Satanás, el debutante Andrés Baiz parece determinado a traspasar
de una vez fronteras con una película que explora una temática de matices tan
universales como es el origen del mal, no como producto reduccionista del clima
sociopolítico de una nación en concreto, sino como un impulso inherente al ser
humano más allá de su bandera, credo o cultura. Ambición y ganas de hacer algo
distinto desde luego no le faltan a la cinta de Baiz, el problema es que aporta
muy, muy poco más, más allá de la fotografía y un par de actuaciones dignas de
mención. El
realizador, que también escribe el guión, toma como base para su filme la
novela de su compatriota Mario
Mendoza, que se basaba a su vez vagamente en la masacre del restaurante
Pozzetto, la mayor matanza en masa perpetrada por un solo hombre en la historia
de Colombia. Mendoza intercalaba las historias personales ficticias de algunas
de las víctimas del crimen con la del asesino, un veterano de guerra que
ejercía de profesor de inglés y que estaba obsesionado con el mito de Jekyll
y Hyde. Baiz repite el mismo esquema pero escogiendo sólo tres historias:
la de Eliseo, el pistolero, la de una mujer que aprovecha su físico para
embaucar y sacar el dinero a altos ejecutivos, y la de un sacerdote incapaz de
reprimir el deseo que siente por su ama de llaves. Todos ellos tienen un nexo
común: son personajes al borde del abismo que, por diversas circunstancias,
parecen no tener otra opción más que dejar que la oscuridad llene sus vidas. O
eso parece que es lo que nos quiere contar el director, porque los tres tienen
un perfil tan unidimensional que sus motivaciones carecen de sentido y la tesis
acaba por no tener fuerza ninguna. Es especialmente desconcertante el dibujo
del asesino, una suerte de Travis Bickle incomprensible que hubiera
provocado la misma sensación en el espectador si hubiera sido presentado en el
clímax, en lugar de dedicar dos tercios de la película a intentar explicar que
le llevó a perder los papeles de ese modo. Para colmo, se explota al máximo y
de forma totalmente innecesaria los momentos de violencia extrema, y hay una
escena de violación que rivaliza en gratuidad y duración con la que nos
‘regalaron’ Gaspar Noé y la Bellucci
en Irreversible. Por lo menos los actores
están a una altura bastante superior a la de sus personajes y la realización,
de buena factura técnica para una industria cinematográfica en la que los
medios escasean, es correcta para tratarse de una opera prima, aunque en ello
tenga mucho que ver la excelente fotografía de Mauricio Vidal.