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Pasos en falso



Díaz Yanes vuelve a sus orígenes con una película fallida que intenta muchas cosas y no
logra casi ninguna.

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""; //-- ... Sólo quiero caminar [2008]
España / México

Agustín Díaz Yanes  A. Díaz Yanes  Paco Femenía  José Salcedo  Javier Limón  Diego Luna, Victoria Abril, Ariadna Gil, Pilar López de Ayala, Elena Anaya, José María Yazpik  Fox  120 minutos  Adultos 

Díaz Yanes vuelve a sus orígenes con una película fallida que intenta muchas cosas y no logra casi ninguna.

 

 

Tras la aventura de proporciones mastodónticas que supuso Alatriste, Agustín Díaz Yanes vuelve con su cuarta película de algún modo a sus orígenes, a las historias de mujeres fuertes e independientes condenadas a sobrevivir en los ambientes más hostiles.

Se toma tan en serio este retorno al pasado que incluso recupera trece años después a la protagonista de su opera prima, la Gloria Duque (Victoria Abril) de Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. Duque está esta vez acompañada de otras tres mujeres: Aurora (Ariadna Gil), Ana (Elena Anaya), hermana de ésta última, y Paloma (Pilar López de Ayala). Las cuatro se ganan la vida a medias entre los atracos y la prostitución, hasta que Aurora es encarcelada y Ana se casa con Félix (José María Yazpik), un traficante mexicano que la maltrata hasta dejarla al borde de la muerte. Las dos amigas restantes dedicarán a partir de ahí sus esfuerzos en sacar a Aurora de la cárcel e ir a México D.F. a vengarse de la banda de Félix.

A pesar del guiño a su opera prima, el director madrileño asegura que no se trata de una secuela ni de una segunda parte, y es que es cierto que, pese a compartir ciertas señas de identidad como la primacía femenina y el coqueteo con el cine negro y social, el estilo y tono de Sólo quiero caminar y Nadie hablará de nosotras... son marcadamente distintos.

Su nueva película deja a un lado el intimismo de la primera para dar paso a un cóctel de géneros en el que se otorga un papel preponderante a la acción y al sexo burro. Se percibe una deuda evidente con las “gangsteradas” de Tarantino y Scorsese, que se mezclan con referencias explícitas y constantes a Pretty woman y Grupo salvaje, y diálogos almodovarianos en fondo y forma.

Si todo ello suena a un combinado difícil de digerir y de hacer funcionar es porque lo es; Diaz Yanes falla tanto a la hora de dotar de cohesión y estructura a su historia que ésta pierde toda lógica, convirtiéndose en un imposible el llegar a conocer el cómo y el porqué de las motivaciones de los personajes, quedándose la mayoría de ellos en un trazo a medias. Tampoco está fino el director en su acercamiento a la violencia irónica tarantinesca y sus salidas de pata de banco, demostrando que es realmente difícil rodar ese tipo de secuencias sin caer en la ridiculez o en la autocomplacencia.

No es demasiado, pues, lo que se puede rescatar de esta cinta fallida, si acaso el carisma de los actores y un aspecto importante que nos hace albergar esperanzas para el futuro: la capacidad de generar un gran impacto visual en momentos puntuales de Díaz Yanes sigue intacta, y el día que vuelva a escribir un guión que se acerque a la fuerza de aquél con el que debutó, seguramente volveremos a aplaudir a uno de los directores más estimulantes que ha dado el cine español en las últimas décadas.

Juan Claudio Matossian


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