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Made in Allen



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EE. UU.  (Hollywood Ending)

Woody Allen  Woody Allen  Wedigo von Shultzendorff  Alisa Lepselter  Woody Allen, George Hamilton, Téa Leoni, Debra Messing, Treat William  Lauren Films 

 

 

Como en Balas sobre Broadway, la estrategia que sigue Woody Allen para hacer reír es la tortura del protagonista. Y si encima, como en Un final made in Hollywood, el protagonista es él (también guionista y director), la mala suerte será inconmensurable (casi más que la de Lemon en El apartamento, que ya es decir).

Y es que Allen ya ha demostrado en sus anteriores películas que conoce el secreto del éxito de los mejores clásicos de comedia: el ritmo que marca desde la primera escena, con parte del equipo reunido, discutiendo, pisándose las frases (a la velocidad de La fiera de mi niña, de Howard Hawks); la construcción de los gags, que como en los mejores momentos del slapstick, te hacen mantener la sonrisa hasta que sueltas la carcajada porque estás viendo venir el tortazo, la metedura de pata, ... Y como siempre, la risa de Allen viene también a través de sus muy logrados diálogos entre personajes totalmente clasificados, encasillados, porque en la exageración está la risa. Como el protagonista de State and main de David Mamet, lo que hace Allen es llevar al límite tipologías de personajes (como la novia “actriz” que no quiere tomar clases de interpretación porque le haría perder su naturalidad).

Orden dentro del caos

Qué puede salir de una cinta con un director neurótico venido a menos, que tiene como productor al hombre que se fue con su mujer, que se queda temporalmente ciego al comenzar el rodaje que debía significar su vuelta a lo más alto de la meca del cine y que usa de lazarillo a su agente, al traductor chino del operador de cámara y, finalmente, a su exmujer. Semejante tinglao no parece dejar cabida más que al desastre, pero Allen es especialista en encontrar orden en el caos. Lo que no convence es el final feliz, impensable porque a estas alturas del film el espectador ya sabe muy bien lo que haría o no cada personaje. Hasta lo de las críticas de Francia, vale, porque si no el título Un final made in Hollywood no tendría gracia; pero más verosímil sin duda hubiera sido que, respetando esa idea, ‘por h o por b’ acabara volviendo a su trabajo de director de anuncios cutres, que tantas carcajadas arranca al principio.

Final aparte, Woody Allen presenta una parodia del mundo del cine con un lenguaje universal, una comedia pura, clásica, con actores divertidos y cómodos en su trabajo, a los que sus respectivos papeles les van como un guante. Y, “¡que Dios bendiga a los franceses!”.


Paloma Romera de Landa
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