Los mejores años
Un franco, 14 pesetas
[2006]
España
Carlos Iglesias
Carlos Iglesias
Tote Trenas
Luisma del Valle
Mario de Benito
Carlos Iglesias, Javier Gutiérrez, Nieve de Medina, Isabel Blanco
Alta
Esta es la ópera prima del actor Carlos Iglesias, Premio de interpretación 2003 como Sancho Panza en El caballero don Quijote, con papel protagonista también en la película, y junto a Javier Gutiérrez (co-protagonista de Torrente III, 2005). Un franco, 14 pesetas recrea parte de la vida del padre de Iglesias, Martín, mecánico fresador, que con un amigo de la misma profesión, Marcos, también oficial de primera, el año 1960 emigraron a un pueblito industrial de Suiza. Poco después se unió a él su mujer con el hijo, niño. Dice Carlos Iglesias: "el niño de la película soy yo". Y ese yo, ahora adulto, interpreta el papel de su padre. Allí vivieron hasta el 66, año en que vuelven a Madrid. La película se abre con la oscura vida de la familia, doblemente oscura, en un sótano del barrio de Argüelles, que comparten con los padres de él, porteros de la finca. El despido de la fábrica en que trabajan Martín y Marcos les empuja a emigrar, incluso sin esperar el permiso de trabajo. Esta primera parte es breve, pero lo suficientemente significativa como para poder decir que repite el modo de cierto cine español realista de los 60, y su literatura. La fotografía de Tote Trenas aumenta esta impresión, que hasta acerca a la estética tenebrista del pintor Solana. ¿Una película de 1960 en el 2006? No. En cuanto bajamos del tren, como dicen los recuerdos de infancia de Carlos Iglesias, ¡llegamos a un jardín! La película no sólo cambia en color y luz, sino que lo que podía ser una historia tópica de las estrecheces económicas se convierte en una historia familiar atractiva, de varias familias donde, doblemente también, hay luz -la fotografía de Tote Trenas se hace una fiesta-. Como todo lo que se escribe sobre la propia infancia -bueno, como casi todo- , adquiere el film un tono entresoñado, un realismo alegre; es -dice el autor- una historia contada desde la perspectiva y la comprensión que da el tiempo, y desde la ternura y humanidad que da el haberla vivido. Pero no sólo lo dice: la película es así. En su largo bloque central de la estancia en Suiza, seis años, es así. Y transmite esa humanidad, a veces difícil, y esa ternura. Las secuencias son sorprendentemente breves, ágiles; hay mucha cosa implícita, mucha sugerencia significativa, se huye de la lenta y tediosa explicación. Se lee en los créditos que en el guión de Iglesias ha colaborado Central de Guiones. No sé qué hay de humildad, de seductora sencillez, verdad, en toda la película. Mi padre dice que los mejores años de su vida fueron los que pasó en Suiza. La película se cierra con la llegada a Madrid; cierto, a un nuevo piso, no al sótano de los porteros; pero es un piso..., y con vistas a sucias cocinas y a patios interiores desangelados. Y en el tórrido verano. Hay que volver a buscar y encontrar trabajo. Para el niño, nuevo colegio. Esta última y tercera parte, muy breve, ya no tiene ese aire o estilo o lenguaje de realismo manierista, es una buena evocación desde el 2006. Con papel protagonista está también Javier Gutiérrez, marcado igualmente por la sencillez y la humanidad entrañable que transpira toda la historia de amistad, y familiar. Una muy buena interpretación. Y el humor, hay mucho humor: no sólo en Javier Gutiérrez, sino en toda la historia revivida. Nieve de Medina, en su papel de madre del niño español y suizo preadolescente despliega una gran variedad de registros. Otros personajes, en Madrid y en Suiza -vgr.: Isabel Blanco en la dueña del hostal suizo, y Tim Frederich, como el preadolescente- enriquecen con acierto la rica galería de personas recordadas, amadas en la memoria. Una película tan bien hecha como encantadora. Pedro Antonio Urbina