- Alfonso, con este número de FILA SIETE tu serie de artículos "Así se hizo..." cumple tres años. Todo un récord de colaboraciones...
- La verdad es que sí. Al comenzar, no sabía hasta dónde daría la paciencia de los lectores, pero a juzgar por los mensajes que me llegan, me alegra ver que gusta, que suscita preguntas y, sobre todo, que anima a degustar el buen cine clásico.
- Muchas anécdotas de los rodajes salen a la luz interesadamente, con fines publicitarios. Pero otras deben ser difíciles de conseguir...
- Cierto. La mayoría de este material procede de mi estancia en Los Angeles y en UCLA. Otro procede de los contactos que entonces hice, y que me facilitan documentos de producción de los Estudios, aún hoy escasamente disponible.
- De todas las que cuentas en tu libro, ¿cuál es tu anécdota preferida?
- La del desenlace de Casablanca. Tras decidir -entre 4 finales distintos- que Ilsa se va en el avión con Víctor, el director pretendía que Bogart pronunciase su discurso altruista y diese un beso de despedida a Ingrid Bergman; pero Bogart, sorprendentemente, se negó: argumentó que si cedía a esa compensación, su personaje se autodestruiría. Y esa decisión, que se impuso en el rodaje de la escena, da la medida de su valía como actor y la grandeza y atractivo de su personaje.
- Escribes en la presentación del libro que "el cine es un mundo mágico, forja de sueños y fantasías..." ¿Hay lugar para pesadillas?
- Por supuesto: como espectadores, el cine puede hacernos soñar y llenarnos de ideales; pero puede también enfangarnos, convertirnos en cínicos, escépticos o desencantados. Depende de las películas que uno decida ver.
- La guerra contra el tabaco ha llegado al cine... ¿Tanto influye el cine en las conductas?
- Más de lo que parece,. Una sola película, Amadeus, cristalizó una imagen tópica de Mozart (como un ser genial e infantiloide) a la vez que provocó una increíble "Mozart-manía". Otra película, Vacaciones en Roma, devolvió a esa ciudad todo el romanticismo que había perdido tras la Guerra Mundial. No depende sólo del cine: depende de cómo y con quién se ve el cine. Pero es, indudablemente, el gran conformador de nuestros valores y de nuestras aspiraciones. Si nuestros ídolos son adictos al sexo o al tabaco, eso influye en nosotros: de forma indirecta, pero influye…