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¿Qué te atrajo de Expiación – Más
allá de la pasión como director? Orgullo y Prejuicio fue la primera historia que conté con un final feliz. Estaba interesado
en ese tipo de finales. Pero en el fondo me preocupaba que ya estuviesen
demasiado vistos. Así que en cierto modo y, en contra de mis principios, pensé mucho
en ello y de repente apareció esta novela que en esencia trata sobre los
finales felices y sobre la fuerza tanto redentora como destructiva del hecho de
contar historias. Ese tema fue lo que más me atrajo. También la idea de hacer
una parte que se desarrolla en la guerra pero que a la vez está muy delimitada.
Si no funcionaba, siempre me quedaban las otras dos partes que integran la
película. Quería hacer algo a mayor escala y en cierto modo más desafiante a
nivel logístico y técnico. ¿Supuso un reto rodar la película? Fue todo un reto ver si funcionaría,
pero en el fondo tenía mucha fe en la novela. Pensé que si éramos fieles a la
novela todo saldría bien. Si la novela había sido todo un éxito, no veía por
qué no debería serlo también la película. ¿Cómo fue el proceso de adaptación? Christopher Hampton me enseñó
muchísimo sobre el proceso de adaptación. Nos retiramos durante tres semanas y
estuvimos trabajando en una pequeña casa en Italia. Fue un proceso realmente
creativo y emocionante. ¿Te sentiste cómodo al rodar el plano secuencia de la parte de la guerra?
Sí, mucho. Me gustan los retos,
tanto para mí como para el resto del equipo. Me gusta poner a prueba a la
gente. Filmamos la escena cerca del final del rodaje, de manera que todos nos
conocíamos ya muy bien y sabíamos de nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades.
Éramos un equipo que quería hacer buen cine y estabamos listos para poder hacerlo. |