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Nacho
Vigalondo estrena su primer largo, Los
cronocrímenes. Tom Cruise, por medio de Steven Zaillian, adquirió los
derechos para hacer un remake norteamericano antes de que la película
encontrase productor español. ¿Cuál es el
problema de la industria española? ¿Por qué en Estados Unidos se dan cuenta de
que Los cronocrímenes merece la pena
y aquí ha habido tantos problemas de distribución? Tristemente
está siendo un hecho generacional. Para mí es un escándalo que un director como
Luis Berdejo, cortometrajista de éxito, debute en Estados Unidos con The new daughter; que los hermanos
Pastor debuten en Estados Unidos; que Gonzalo López-Gallego haga una película
como El rey de la montaña, que ésta
sea la mejor distribuida del año en todo el mundo, que gane premios fuera y que
aquí casi no se estrene. Está pasando algo: algunos estamos planteando una
renovación de cierta forma de hacer cine y, a la vez que encontramos aprobación
internacional, el país que más se nos resiste es España, que es donde nos
encontramos críticas negativas. No recibimos el mismo reconocimiento que fuera
y alguien tendría que explicar qué pasa. No todos
los personajes de Los cronocrímenes
son conscientes de la trama de ciencia ficción que acaece... La ciencia
ficción nunca es el fin sino la herramienta para llegara a otros puntos. El
último tercio de película ya no tiene nada de ciencia ficción. Parece una de Fritz
Lang o de Raoul Walsh: suspense, tres personajes, una pistola y una bala.
También tiene un aire a lo Hitchcock, algo parecido a La soga. En ese sentido he sido muy franco. No me ha interesado
saber cómo es el futuro. No quería naves espaciales ni efectos especiales sino
llegar a un determinado punto dramático. Por eso es difícil que la gente me
catalogue y ver por dónde irán ahora los tiros en mi carrera. De alguna
manera tiene una carrera paralela a la de Juan Carlos Fresnadillo. A él le
costó mucho tiempo estrenar Intacto y
mucho mas 28 semanas después. Es cierto
que tenemos semejanzas, pero también hay muchas cosas que nos hacen distintos.
Él es muy perfeccionista, muy obsesivo y minucioso con lo que hace. Su método
de trabajo es así. Y creo que la razón de mi tardanza es otra. Yo soy mucho más
visceral e inmediato; en mi caso los problemas vienen después. Juan Carlos, con
el que me une una buena amistad, tiene su ritmo, mientras que yo estoy
desesperado por hacer muchas películas. Él hace una
película aquí y después una secuela en Estados Unidos. ¿Cuál es la secuela que
usted quiere dirigir en Hollywood? Haría
encantado 28 meses más tarde. La idea
de hacer una secuela me parece muy atractiva. Pero para ello debería tener
potestad en el guión, querría diseñar la historia o que estuviera escrita por
alguien de total confianza y solvencia. ¿Qué tal es
usted como actor?, ¿cómo se dirige? Pues con un
sentido crítico tremendo. Intento ser lo mas humilde y lo más autocrítico
posible; y confiar mucho en los cómplices que tengo en los rodajes, que me
dicen que no antes de que yo compruebe lo que he hecho en el monitor. Creo que
en ese sentido, como en el de escribir y dirigir, si no hay autocrítica, no
avanzas. ¿Se ha
contratado a sí mismo como actor porque salía barato? Sí, soy
profundamente barato, pero lo que pasa es que, de alguna manera, me gusta
jugar conmigo mismo en algunas historias. De la misma manera que hay escritores
que se meten en su novela o hay pintores que se hacen un autorretrato, a mí me
gusta jugar conmigo mismo. Luego me doy cuenta de que es tirar piedras sobre mi
tejado, que hay mucho despectivo sobre mi presencia en mis películas. Pero juega
con la complicidad del espectador. Muchos de los que vayan a ver Los cronocrímenes lo harán porque es de
Nacho Vigalondo. Y dirán: “Nacho está en la pantalla”... ...y esta
haciendo un croquis para que la entendamos... Sí, supongo que es cierto. El blog
cinematográfico que escribe es uno de los instrumentos de promoción más
imaginativos de los últimos tiempos. Sí, y en realidad
no estoy haciendo publicidad pura, porque intento vender la peli pero a la vez
procuro no ser triunfalista, exportar mis miedos, mis inseguridades. Si fuese
exclusivamente promoción, estaría casi exclusivamente lanzando bondades. ¿Cuando
acabe la carrera comercial de Los
Cronocrímenes seguirá escribiendo en él? Sí, porque
lo escribo desde hace mucho tiempo. El de El
País es de 2007 pero tenía otro desde 2004. En épocas de película me cuesta
mucho hablar de otra cosa pero eso es porque apenas tengo tiempo para pensar en
nada más. En los periodos en los que todo se relaja, hablo de lo último que he
visto en el cine o del último pensamiento que se me ha cruzado. Hacía antes
referencia a La soga. ¿Fue una
inspiración a la hora de optar por un reparto reducido? Lo cierto
es que me fijé más en Psicosis. La vi
mucho. También tiene muy pocos personajes muy concentrados, un espacio limitado
y mucha relación del personaje con el espacio. Karra Elejalde guarda
paralelismos con Anthony Perkins y Bárbara Goenaga con Janet Leigh. He huido un
poco de hacer un homenaje explícito o un tributo demasiado evidente, pero creo
que Psicosis está muy presente
siempre. En concreto me basé, no en la escena de la ducha, sino en todo lo que
viene después. Para mí, en cierta manera, todo eso está recogido en el segundo
acto de nuestra película. ¿Con
cuántas copias se estrenará Los
cronocrímenes? Lo que es interesante es que empezamos con muy
pocas copias y hemos ido teniendo más peticiones. Ha habido demanda de las
salas y ahora hay un montón de cines que han querido la película. Andamos en
unas 70 u 80 copias, lo cual está bien, porque no creo que ésta sea una
película de cientos de copias. |