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Asi se Hizo... Casablanca (Parte I: del guión al rodaje)



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La historia de Casablanca surgió de una casualidad. En el verano de 1939, el dramaturgo americano Murray Burnett hizo un viaje relámpago a Europa para visitar a sus familiares judíos, sometidos ya a las férreas condiciones de Adolf Hitler. A punto de regresar a Nueva York, entró en un nightclub del Sur de Francia en el que franceses, nazis y refugiados se cruzaban miradas de tensión. Burnett se volvió entonces a su mujer y le dijo: "¿Qué te parece este local? Sería un escenario idóneo para un melodrama en situación de guerra".

De vuelta a Estados Unidos, el dramaturgo trabajó su historia, que acabó en una obra teatral bastante mediocre, titulada Everybody comes to Rick's (Todo el mundo va al café de Rick, la frase que el Prefecto de policía le dice en el aeropuerto al Mayor Strasser). El hilo argumental era básicamente el que aparece en la cinta, pero los diálogos eran acartonados y fríos, y muchos personajes estaban apenas esbozados. Tras dar muchas vueltas por productores teatrales poco interesados, el manuscrito fue a parar a un analista de la Warner Brothers, que todos los días leía dos o tres guiones o piezas teatrales para evaluar sus posibilidades cinematográficas. En cuanto leyó esta obra, se dio cuenta de que tenía ante sí una gran historia, y en lugar de un informe rutinario escrito en quince minutos, redactó una amplia sinopsis con algunos comentarios muy elogiosos: "Excelente melodrama, lleno de colorido y acertado en su ambientación. Clima tenso, suspense; conflicto externo y psicológico al mismo tiempo. Un posible box-office para Bogart y quizás para Mary Astor".

A pesar de estas recomendaciones, la película empezó siendo un proyecto de serie B, con un plantel de actores muy de segunda fila: así, el papel de Rick fue asignado nada menos que a ¡Ronald Reagan! Afortunadamente, los hermanos Epstein (Julius y Philip, dos gemelos muy famosos en Hollywood por su habilidad para reescribir guiones) fueron contratados por la Warner para dar vida a los personajes y los diálogos de esa historia. Pensando en Claude Rains, el actor que finalmente interpretó al corrupto Prefecto de Policía, redefinieron ese personaje de alivio cómico (el más logrado de todo el guión) con toques de humor y de ironía, construyeron toda una subtrama en su relación con Rick, y le llenaron de más y más frases ingeniosas. También el papel de Rick sufrió grandes cambios: ahora aparecía como un antiguo idealista, convertido en cínico independiente, aunque su motivación seguía sin estar clara.

A la vista de un guión mucho más sólido e interesante, en enero de 1942 el productor Hall Wallis decidió darle una oportunidad de primera magnitud y buscó el mejor equipo que podía encontrar. Tras el rechazo inicial de William Wyler, Wallis otorgó la dirección de la cinta a Michael Curtiz, que había combinado acción y romance en muchas de sus películas anteriores. Después contrató a Humphrey Bogart para el papel principal, aunque no iba a poder estar en todas las semanas de rodaje; y, como Joseph Cotten declinó interpretar a Victor Laszlo, Wallis pensó entonces en Paul Henreid, un austríaco declaradamente antinazi afincado en Hollywood. Al principio, Henried no quiso aceptar ese papel secundario, pues lo veía como un paso atrás después de haber obtenido papeles protagonistas, pero accedió finalmente porque Austria acababa de aliarse con el III Reich, y todos los ciudadanos de ese país que estuvieran sin trabajo tenían que ser repatriados; antes que ser un refugiado europeo en la vida real, decidió serlo en la ficción de Casablanca, aunque puso la condición de cobrar lo mismo que Bogart y Bergman.

Y es que, en efecto, el gran hallazgo del casting fue esa maravillosa actriz sueca llamada Ingrid Bergman. En el guión original, la compañera de Rick se llamaba Louis y era una mujer americana de dudosa moralidad. Advirtiendo que la trama amorosa se venía abajo con este planteamiento, uno de los guionistas dio con la tecla acertada de ese personaje: Louis pasó a ser europea (Elsa Lund), a ser la mujer fiel de un líder de la resistencia, y a ignorar la suerte de su marido cuando conoce a Rick en París. Esto daba realce y motivación al melodrama de fondo, y ayudaba a encajar al propio personaje de Rick: ya no era simplemente un cínico traumatizado por una crisis amorosa, sino un americano neutral, desencantado de un fugaz idealismo, que vuelve a la lucha por el amor de ella: por alguien a quien un día amó sinceramente, y que ahora sentía su tierra europea mancillada y maltrecha por la barbarie nazi.

El último fichaje del equipo fue el actor que interpretó a Sam, el pianista del café. Este importante personaje, punto de unión entre Rick y Elsa y máximo confidente de Rick en toda la trama, no encontraba un actor apropiado. Wallis pensó entonces en transformarlo en una cantante de color, como un sucedáneo para Rick del afecto que un día sintió por Elsa. Pero, afortunadamente para el filme, el productor descubrió pronto que ese personaje enturbiaba la trama en vez de aclararla, y buscó en el mundo del teatro a Dooley Wilson, que tuvo que dar clases de piano a toda velocidad para poder interpretar con verosimilitud a su personaje.

Con todo el equipo preparado, pero con muchas lagunas en el guión y en los decorados, el 25 de mayo de 1942 empezó uno de los rodajes más caóticos y felices que han tenido lugar en la historia del cine. El resultado fue magistral, aunque los percances crearían todo un mito legendario respecto a cómo se hizo la cinta. Por eso, días antes del comienzo, el productor ejecutivo Jack L. Warner envió una nota a Michael Curtiz que pretendía ser esperanzadora: "Atravesamos días turbulentos, pero yo sé que tú podrás con el rodaje en las siete semanas previstas. Confío en ver otra vez al viejo Curtiz que yo siempre he conocido, y estoy seguro de que vamos a hacer una gran película"...

Alfonso Méndiz
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