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Un hombre con pasado



En el año 2002 se estrenó El caso Bourne . La película, basada en el personaje creado por
Robert Ludlum y protagonizada por un solvente Matt Damon , supuso, además de una buena
taquilla, una importante dosis de oxigeno  a un género – el de acción protagonizado por
espías- que no pasaba por su mejor momento. Doug Liman , que fue el director de esta primera
entrega, consiguió ... El ultimátum de Bourne [2007]
EE.UU.

Paul Greengrass  Tony Gilroy, Tom Stoppard, Scott Burns y Paul Atanasio, basado en la novela de Robert Ludlum  Oliver Wood  Christopher Rouse  John Powell  Matt Damon, Julia Stiles, Joan Allen, David Strathairn, Paddy Considine Albert Finney  UIP  111 minutos  Jóvenes 

En el año 2002 se estrenó El caso Bourne. La película, basada en el personaje creado por Robert Ludlum y protagonizada por un solvente Matt Damon, supuso, además de una buena taquilla, una importante dosis de oxigeno  a un género – el de acción protagonizado por espías- que no pasaba por su mejor momento. Doug Liman, que fue el director de esta primera entrega, consiguió equilibrar un guión inteligente y una acción bien rodada. La secuela no tardó en llegar. En esta ocasión, fue Paul Greengrass (Domingo sangriento, Omagh, United 93) el encargado de dirigir El mito de Bourne, una segunda parte más aplaudida por la crítica y aún más respaldada por el público. Con estos antecedentes, no resulta extraño que la tercera parte –y según se anuncia última- repita el mismo equipo técnico. El ultimátum de Bourne pretende contar el pasado del espía mientras, por supuesto, huye de sus perseguidores que esta vez están capitaneados por Noah Vosen, un jefazo de la CIA magistralmente interpretado por  David Strathairn (Buenas noche, buena suerte).

La mayor dificultad de esta tercera parte es una obviedad: la historia, a pesar de contar con elementos de interés, es menos novedosa. Greengrass no es ningún novato y, consciente de este hándicap, rodea los escasos elementos de la trama con unas espectaculares escenas de acción (la persecución en Tánger es magnífica pero la manera de rodar y montar la escena en la estación de Waterloo merece un estudio). Fiel a su estilo, el realizador inglés rueda con cámara en mano, hace virguerías en la planificación y monta con un ritmo vertiginoso que mantiene al espectador pegado a la pantalla desde el primer minuto. Al final, El ultimátum de Bourne es nada más –o nada menos según se mire- que esto: una interesante, espectacular, entretenida y a ratos mareante persecución de casi dos horas. Tal y como está la cartelera a estas alturas –rebosante de gore y pseudocine B- no es extraño que el personal siga engrosando los 500 millones de dólares que lleva recaudados la saga.

Ana Sánchez de la Nieta
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