Rap en Memphis
Hustle & Flow
[2006]
EE.UU.
Craig Brewer
Craig Brewer
Amy Vincent
Billy Fox
Scott Bomar
Terrence Howard, Anthony Anderson, Taryn Manning, Taraji P. Henson, Paula Jai Parker, Elise Neal, DJ Qualls
UIP
Terrence Howard –candidato al Oscar por esta interpretación- es un chulo de barrio bajo, en Memphis, y camello. Aunque este actor (Crash) realice muy bien su papel, no puede evitar que todo su ser trasluzca simpatía y honradez, ¡cosas del físico! Las prostitutas a las que chulea -todas ellas muy buenas actrices también-, y que con él conviven, una es una pobre desgraciada más desorientada que un pollo en la Antártida, la otra es una embarazada con cara de no haber roto un plato, que cuida del niño de otra y a la más atravesada se la hace desaparecer pronto del mapa. Ninguno de los tres está contento de la vida que lleva. Es más, al comienzo de la película, casi antes de que uno se siente, recibe una bofetada -que le da el mismo DJay, el chulo- de carácter religioso y espiritual que sitúa muy bien en..., en la butaca, atornilla. Se ve enseguida por dónde va a ir la historia, y realmente va. DJay ve con asombro y admiración en un anuncio que un compañero de Instituto es hoy un rapero famoso. Estimulado, prueba sus propias condiciones de músico y letrista -¿poeta?-. Por ahí empieza a salir del hoyo, y con él las prostitutas, que se involucran en la empresa: por el trabajo, que en este caso es la música. Las ayudas humanas que busca, las dificultades, la incomprensión, enriquecen y hacen más verdadero el relato: aunque no pretenda un realismo..., realista. Ni la violencia ni la cárcel impedirán el salvamento iniciado. No es tanto un retrato tipo Dostoievski, sino, como está dicho, un retrato amable sin dejar de ser duro, o viceversa: relaciones humanas y afectivas. Pretende decir de algún modo -y se dice bien- que todo ser humano es una persona, y que todo quisque puede sacar a flote la dignidad que lleva dentro. El ritmo es más el que marcan las escenas y secuencias cinematográficas, y no el de un supuesto proceso interior. Una película dura, sobre todo de oír por el vocabulario de alcantarilla, en buena parte paliada por una dirección artística que hace primar no el color sino los colorines. Color, y, como es claro, música, mucha música, ¡y en Memphis!