"Eragon", una aventura fantástica basada en "La trilogía del Legado"
Basada en la primera novela de la trilogía de Christopher Paolini, y dirigida por Stefen Fangmeier, "Eragon" llega a nuestras pantallas el 15 de diciembre.
Eragon presenta una mitología según la cual hubo un tiempo en que los Jinetes de los Dragones trajeron la paz y la prosperidad a la tierra de Alagaësia. Los Dragones dotaban a sus Jinetes de poderes mágicos, hasta los hacían inmortales. Ningún enemigo era capaz de derrotarlos, hasta que uno de los suyos, Galbatorix, decidió quedarse con todo el poder y aniquilar a los Jinetes de los Dragones. Pero el descubrimiento por parte de Eragon de un resplandeciente huevo de color zafiro, del que nace un dragón hembra al que llama Saphira, hace que vuelva la época de los Jinetes de los Dragones.
El personaje título a la película es interpretado por el novel actor Ed Speleers, de 18 años de edad, que consiguió lel papel tras realizar pruebas de reparto en todo el mundo, que rivalizaron con la caza de un cinematográfico Harry Potter y estuvieron compuestas por centenares de pruebas en vivo y de pantalla.
La película también cuenta, entre sus papeles principales, con Jeremy Irons, en el personaje de Brom, un antiguo Jinete de Dragones que se convierte en el mentor de Eragon; John Malkovich, que da vida al poderoso y malvado Rey Galbatorix; Robert Carlyle, encarna al poderoso brujo Durza; Djimon Hounsou, interpreta a Ajihad, el jefe de los rebeldes Vardenos; Sienna Guillory es la bella guerrera Arya; y Garrett Hedlund, un joven con un pasado turbio.
Con resecto a Saphira, es Rachel Weisz quien presta su voz al dragón. La actuación de Weisz da vida a la idea clave de la novela de Christopher Paolini: la forma como Saphira se comunica con Eragon. Saphira no habla; sus labios nunca se mueven, al contrario de lo que pasaría con un personaje tradicional creado por ordenador. En vez de ello, el dragón se conecta telepáticamente con su Jinete, lo que refuerza el vínculo emocional, casi espiritual, existente entre ambos personajes.
Bajo la supervisión del diseñador de producción Wolf Kroeger, los realizadores construyeron uno de los decorados más grandes de la historia del cine. Tan espectacular era que no pudo levantarse en un estudio de sonido; para tal fin, la producción, después de haber realizado varias expediciones exploratorias, encontró una cantera y un cráter abandonados en un volcán de Hungría, cerca de la frontera austriaca. "El lugar resultó perfecto", asegura Kroeger, "ya que en el guión se dice que Farthen Dûr está en una zona volcánica".
"Eragon es la primera película que muestra en toda su realidad la experiencia de volar a lomos de un dragón", explica Fangmeier. "Nos divertimos mucho creando las secuencias del vuelo. Nos enfrentamos al reto de mantener una realidad física, incorporando también algún elemento fantástico. Queríamos que volar en un dragón fuera parecido a pilotar un caza a reacción, con muchos momentos de '¡Oooh!'".
La producción construyó la guarida de Galbatorix en una cueva situada en la ladera de una montaña, a la que sólo podía accederse a través de un agujero del techo de la caverna. Se emplearon grúas especiales para trasladar el equipo – incluidas las cámaras, las grabadoras de sonido y el atrezo del plató – al interior de la cueva. Una vez dentro, las actividades de los realizadores se vieron limitadas debido a que la zona es un monumento nacional. Posteriormente, las montañas de Eslovaquia brindarían diversos escenarios naturales con vistas espectaculares sobre valles, gargantas y cascadas.
Estos mundos y personajes creados por estos exteriores, por los artistas de efectos visuales, los técnicos, los artesanos, los realizadores y los actores dimanan de la imaginación de Christopher Paolini, cuya novela está relacionada con la película de forma inesperada. "Al principio, concebí Eragon como una película", señala el autor. "Vi a los personajes y la acción con claridad en mi mente. Pero como no tenía dinero para producir una película, acabé escribiendo la historia en forma de libro".
Por aquel entonces, superaba el más disparatado de los sueños de Paolini que un gran estudio adaptara su narración épica. Pero es que la misma historia de la vida de Paolini, su imaginación – y la odisea del héroe que da nombre a la novela – nos recuerdan que ningún sueño es demasiado grande.